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ALOCUCIÓN
DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II A UN GRUPO DE PEREGRINOS FRANCESES
Sábado 31 de mayo de 2003
Monseñor; queridos amigos:
Con placer os acojo a vosotros, peregrinos de la diócesis de Saint-Brieuc y Tréguier,
que habéis venido a Roma con ocasión de las festividades del séptimo
centenario de la muerte de san Ivo. También saludo cordialmente a las altas
personalidades, sobre todo de la sociedad civil y del mundo jurídico, presentes
en Roma para profundizar, con motivo de un congreso, la actualidad del mensaje
de san Ivo. Agradezco a monseñor Fruchaud las amables palabras que acaba de
dirigirme en nombre de todos. Las iglesias de San Ivo de los Bretones y de San
Ivo en "La Sapienza", en las que tendréis ocasión de reuniros,
muestran la extraordinaria difusión del culto que le rinden desde hace mucho
tiempo en Europa todos los que lo reconocen como su maestro espiritual, en
particular los juristas, de quienes es santo patrono.
Los valores propuestos por san Ivo siguen siendo un fuerte estímulo para
nuestro tiempo, principalmente en la Europa que se está construyendo. San Ivo,
servidor de la justicia, invita a los hombres de buena voluntad a construir un
mundo de paz, fundado en el respeto del derecho y en el servicio a la verdad.
Este abogado, defensor de los pobres, anima a las personas y a los pueblos a
poner por obra la solidaridad y la equidad, que garantizan los derechos de
los más débiles, cuya dignidad inalienable se debe reconocer plenamente.
Sacerdote y predicador infatigable de la palabra de Dios, exhorta hoy a la
Iglesia a proponer a todos el Evangelio, fuente de relaciones nuevas entre los
hombres. Ojalá que el ejemplo y la vida de san Ivo inviten a los cristianos a
contribuir activamente a la construcción de Europa, comunidad de destino en la
que todos están llamados a trabajar para que la misericordia y la fidelidad se
encuentren, la justicia y la paz se besen (cf. Sal 84, 11).
Encomendándoos a la solicitud de la Virgen María, Nuestra Señora de Querrien,
os imparto la bendición apostólica, que extiendo de buen grado a los pastores
y a los fieles de la diócesis de Saint-Brieuc y Tréguier.
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