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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LA UNITALSI EN EL CENTENARIO DE SU FUNDACI
ÓN

Sábado 15 de noviembre de 2003

 

Amadísimos hermanos y hermanas: 

1. Con alegría os acojo hoy a todos vosotros, que venís de diversas regiones de Italia para conmemorar los cien años de vida y de actividad de la UNITALSI.

Saludo ante todo al presidente nacional, doctor Antonio Diella, y le agradezco las cordiales palabras que me ha dirigido en nombre de toda la asociación. Saludo a monseñor Luigi Moretti, vicegerente de la diócesis de Roma y vuestro consiliario. Os dirijo un saludo agradecido a cada uno y, a través de vosotros, a todos los miembros comprometidos tanto en el voluntariado como en las diferentes actividades promovidas por vuestra organización.

Deseo, además, recordar en este momento a todos los que os han precedido durante estos cien años, tanto en los cargos directivos como en el servicio humilde y silencioso que caracteriza a la familia de la UNITALSI.

2. Varios momentos de celebración, durante estos meses, os han brindado la ocasión de expresar vuestro agradecimiento al Señor:  el congreso de Rímini; la peregrinación internacional de los niños y la nacional a Lourdes; la subida al monte de la Santa Casa en Loreto; y otras muchas iniciativas formativas, culturales y religiosas.

Ahora queréis concluir vuestro jubileo con la visita a la ciudad eterna para renovar así la expresión de vuestra fidelidad al Sucesor del apóstol san Pedro. Sois muy conscientes de que todo bautizado está llamado a ser "santuario vivo" de Dios, mediante una existencia coherente con el mensaje evangélico. En diversas circunstancias habéis meditado sobre la vocación universal a la "santidad".
A este propósito, también recientemente, en la exhortación apostólica Ecclesia in Europa, afirmé que "la aportación de los fieles laicos a la vida eclesial es irrenunciable. En efecto, es insustituible el papel que tienen en el anuncio y el servicio al Evangelio de la esperanza, ya que por medio de ellos la Iglesia de Cristo se hace presente en los más variados sectores del mundo" (n. 41).

3. Amadísimos hermanos y hermanas, mantened vivo el carisma de vuestra asociación eclesial.
Ojalá que el icono bíblico del buen samaritano, que presta ayuda al que está herido y necesitado (cf. Lc 10, 30-37), así como la tenacidad, llena de fe y de esperanza, de los hombres que llevan el paralítico ante Jesús bajándolo en camilla desde el techo (cf. Lc 5, 18-20), os estimulen a una entrega cada vez más total a Dios y al prójimo.

Alimentad vuestra existencia personal y el trabajo en la UNITALSI con la escucha de la Palabra y la oración, con una intensa vida sacramental y una búsqueda incesante de la voluntad divina. Así es como se rinde "el culto espiritual" agradable al Señor.

4. Los orígenes de vuestra asociación están vinculados al santuario mariano de Lourdes. A imitación de María, que, después de acoger en su seno la "Palabra hecha carne", se puso en camino para ir a la casa de Isabel, estad también vosotros dispuestos a todo servicio humilde y sencillo. Como ella, sed testigos del amor de Dios.

La Inmaculada, que "da alegría y paz", hará "resplandecer la santidad de Dios" en vuestro corazón (cf. Prefacio y colecta de la misa de la B.V. María). Recurrid a ella con el rezo del rosario, y aceptad su invitación a valorar el sufrimiento y el dolor como contribuciones preciosas para la salvación del mundo. La Virgen os ayudará y será vuestro apoyo en cualquier situación.

Os acompaño con la oración, y de buen grado os imparto una bendición especial a vosotros, a cuantos son objeto de vuestra atención y vuestro amor, y a toda la familia de la UNITALSI.

 

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