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MENSAJE DEL
PAPA JUAN PABLO II A LOS OBISPOS ITALIANOS, REUNIDOS EN ASÍS
PARA SU LII ASAMBLEA GENERAL
Amadísimos obispos italianos:
1. "Gracia a vosotros y paz de parte de Dios, Padre nuestro, y del Señor
Jesucristo" (1 Co 1, 3).
Os saludo con gran afecto a cada uno de vosotros, reunidos en Asís, en la
basílica de Santa María de los Ángeles, para vuestra LII asamblea general. Os
acompaño con la oración y os deseo que paséis juntos unos días de intensa
comunión y de trabajo fecundo. Saludo, en particular, al cardenal presidente
Camillo Ruini, a los tres vicepresidentes y al secretario general, así como a
todos los que colaboran con generoso empeño en las actividades de vuestra
Conferencia.
2. En esta ocasión, vuestra solicitud de pastores se concentrará en un tema de
importancia fundamental para la vida y la misión de la Iglesia: la parroquia.
Muy oportunamente, en el programa de vuestra asamblea, la parroquia se presenta
como "Iglesia que vive entre las casas de los hombres", recogiendo las palabras
con que describí la índole de la parroquia en la exhortación apostólica
Christifideles laici (cf. n. 26).
Deseo subrayar que comparto con vosotros la convicción de la función central e
insustituible que corresponde a la parroquia para hacer posible, y en cierto
sentido fácil y espontánea para toda persona y familia, la participación en la
vida de la Iglesia. En efecto, como afirmó el concilio Vaticano II en la
constitución
Sacrosanctum Concilium sobre la sagrada liturgia, las
parroquias, "en cierto modo, representan a la Iglesia visible establecida por
todo el mundo" (n. 42).
La presencia de tantas parroquias en todo el territorio italiano, su vitalidad y
capacidad de desempeñar un servicio pastoral e incluso social atento a las
necesidades de la población, son una riqueza extraordinaria de la Iglesia en
Italia. En vuestra asamblea trataréis de descubrir los caminos más adecuados
para conservar e incrementar esta riqueza, en medio de los grandes cambios
sociales y culturales de nuestro tiempo y afrontando los múltiples desafíos que
tienden a alejar de la fe y de la Iglesia también a un pueblo como el italiano,
cuyo arraigo cristiano es tan sólido y profundo.
Para lograr estos resultados, será especialmente importante que las parroquias
italianas mantengan el característico estilo "familiar" que las distingue y que
hace de ellas, en cierto sentido, grandes "familias de familias": así las
parroquias serán un ambiente de vida cálido y acogedor, y podrán dar una gran
contribución a la defensa y a la promoción de la familia, realidad preciosa e
insustituible, sobre la que hoy por desgracia se ciernen continuas amenazas.
3. Vuestra asamblea me brinda también una ocasión propicia para dirigir un
saludo afectuoso, agradecido y estimulante, a los numerosos sacerdotes italianos
comprometidos en el ministerio parroquial, comenzando por los párrocos.
Conozco bien su trabajo diario, los problemas que con tanta frecuencia deben
afrontar, así como las desilusiones, que nunca faltan, y quiero asegurarles mi
cordial cercanía. Pero también conozco el celo y la confianza que los animan, el
espíritu de fe y el sentido de Iglesia que les proporcionan siempre nuevas
energías.
Quiero que estos sacerdotes sepan que el Papa los lleva en su corazón y que
confía en ellos para mantener la fe en el pueblo de Dios y para hacer que en los
pastores y en los fieles crezca el impulso apostólico y misionero, a fin de que
las comunidades parroquiales sean células vivas de irradiación del
cristianismo.
4. Amadísimos hermanos en el episcopado, deseo expresar mi más vivo aprecio por
la constante solicitud pastoral con que seguís y acompañáis la vida social de
Italia.
A un año de distancia de mi visita al Parlamento italiano, esta amada nación,
que tanto ha contribuido y contribuye a la construcción de Europa y a la
difusión de auténticos valores de civilización, sigue afligida por diversos
problemas y contrastes, mientras que aún no se ha extirpado del todo la hierba
mala del terrorismo político.
Por tanto, estoy a vuestro lado en la obra que cada uno de vosotros realiza para
favorecer la serenidad y la concordia en las relaciones entre las distintas
fuerzas y los diferentes componentes políticos, sociales e institucionales.
Asimismo, comparto de corazón vuestro continuo compromiso en defensa de la vida
humana, de la familia fundada en el matrimonio, de la libertad escolar concreta,
y también vuestra solicitud por el fomento del empleo y por el apoyo a los
sectores más pobres de la población.
5. Amadísimos obispos italianos, os habéis reunido en Asís en el 750°
aniversario de la muerte de santa Clara. Ese lugar, al que me siento vinculado
por recuerdos inolvidables, es símbolo de paz para el mundo entero. Me uno
espiritualmente a vosotros a fin de invocar el don de la paz para la humanidad
atormentada por tantos conflictos sangrientos. Juntamente con vosotros,
encomiendo al Señor a los italianos que han caído en Irak cumpliendo su deber de
servicio a aquellas poblaciones.
Oremos, finalmente, por Italia y por todas las Iglesias encomendadas a vuestra
solicitud pastoral, a fin de que la fe y la caridad de Cristo sean luz y
alimento para la nación entera.
Con sentimientos de profundo afecto, os imparto a vosotros, a vuestras diócesis
y a cada parroquia italiana, una especial bendición apostólica.
Vaticano, 14 de noviembre de 2003
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