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MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LOS OBISPOS AMIGOS DEL MOVIMIENTO DE LOS FOCOLARES

 

Venerados hermanos: 

1. Con alegría os envío mi cordial saludo a cada uno de vosotros, obispos amigos del Movimiento de los Focolares, que participáis en el 22° congreso ecuménico que, a causa de los trágicos acontecimientos de los últimos días, habéis tenido que trasladar de Estambul a Rocca di Papa.

Aunque no habéis podido visitar la venerable Iglesia de san Andrés en Constantinopla, con gran afecto os acoge la Iglesia de san Pedro y san Pablo en Roma, y os brinda la hospitalidad reservada a los hermanos en Cristo.

2. El programa de vuestro encuentro anual se centra en la frase de la sagrada Escritura:  "Todos vosotros sois uno en Cristo Jesús" (Ga 3, 28). Se trata de un tema más actual que nunca:  puede dar una respuesta válida a las graves divisiones que afligen al mundo de hoy.

Ojalá que vuestro congreso os reafirme en el compromiso ecuménico y apresure el camino hacia la unidad plena, por la que Jesús imploró al Padre y ofreció su vida.

Sabéis muy bien cuánto me interesa la unidad de los cristianos y que, desde el inicio de mi pontificado, le he dedicado una atención constante.

3. Os repito a vosotros, amadísimos hermanos en el episcopado, lo que escribí recientemente a la asamblea plenaria del Consejo pontificio para la promoción de la unidad de los cristianos:  "La fuerza del amor nos impulsa a unos hacia otros y nos ayuda a predisponernos a la escucha, al diálogo, a la conversión y a la renovación (cf. Unitatis redintegratio, 1)". Y también:  "Sólo una intensa espiritualidad ecuménica, vivida en la docilidad a Cristo y con plena disponibilidad a las mociones del Espíritu, nos ayudará a vivir con el impulso necesario este período intermedio, durante el cual debemos evaluar nuestros progresos y nuestras derrotas, las luces y las sombras de nuestro camino de reconciliación" (Mensaje del 3 de noviembre de 2003, nn. 4 y 5:  L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 14 de noviembre de 2003, p. 7).

4. Con afecto fraterno os animo a perseverar en el itinerario apostólico emprendido y, a la vez que os aseguro mi oración por vuestras actividades pastorales, os imparto una especial bendición apostólica a todos vosotros, extendiéndola de buen grado a la señorita Chiara Lubich, que os ha acogido, y a cuantos viven en el Centro del Movimiento de los Focolares.

Vaticano, 25 de noviembre de 2003

 

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