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MENSAJE DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II
CON OCASI
ÓN DE UNA MARCHA POR LA PAZ
REALIZADA DESDE PERUSA HASTA ASÍS

 

Al venerado hermano
Monseñor SERGIO GORETTI
Obispo de Asís


1. Me alegra dirigirle un cordial saludo a usted y, a través de usted, venerado hermano, a todos los participantes en la marcha por la paz que, partiendo de Perusa, concluirá en Asís. En esa ciudad, en 1986, invité a los responsables de las diferentes religiones a un significativo encuentro. Hoy, como entonces, tengo ante los ojos la gran visión del profeta:  todos los pueblos en camino desde los diversos puntos de la tierra para reunirse en torno a Dios como una única y gran familia (cf. Is 2, 2-5). Es el sueño de la esperanza que impulsó a mi venerado predecesor el beato Juan XXIII a escribir la Pacem in terris, cuyo cuadragésimo aniversario recordamos este año y que esa marcha por la paz quiere conmemorar.

2. Es preciso reconocer que tal vez durante estos años no se haya realizado un gran esfuerzo por defender la paz, prefiriendo más bien, a veces, destinar ingentes recursos a la compra de armas. Ha sido como "dilapidar" la paz. Muchas esperanzas han quedado defraudadas. La crónica diaria nos recuerda que las guerras siguen envenenando la vida de los pueblos, sobre todo de los países más pobres. ¿Cómo no pensar en la continua violencia que ensangrienta, por ejemplo, el Oriente próximo y, en particular, Tierra Santa? ¿Cómo permanecer indiferentes ante un panorama de conflictos que se extiende cada vez más y afecta a varias partes de la tierra?

¿Qué hacer? A pesar de las dificultades, no hay que perder la confianza. Es necesario seguir trabajando por la paz, ser constructores de paz. La paz es un bien de todos. Cada uno está llamado a ser constructor de paz en la verdad y en el amor.

3. Para esta edición de la marcha se ha elegido como tema:  "Construyamos juntos una Europa para la paz". Me congratulo con los organizadores y los protagonistas, que en esta benemérita iniciativa han querido unir las dos dimensiones:  Europa y la paz. Podríamos decir que se sostienen recíprocamente:  una llama a la otra.

En mi juventud pude constatar, por experiencia personal, el drama de una Europa privada de la paz. Eso me impulsó aún más a trabajar incansablemente para que Europa recuperara la solidaridad en la paz y se convirtiera, entre los demás continentes, en constructora de paz, dentro y fuera de sus confines. Estoy convencido de que se trata de una misión que es preciso redescubrir en toda su fuerza y urgencia. Es necesario que el continente europeo, teniendo como punto de referencia sus nobles tradiciones espirituales, invierta con generosidad, en favor de toda la humanidad, su rico patrimonio cultural madurado a la luz del Evangelio de Cristo. Este es el deseo que encomiendo a la intercesión materna de María, Reina de la paz, y de san Francisco, profeta de paz.

Con estos sentimientos le envío a usted, y a todos los que participen en tan importante iniciativa de paz, mi bendición.

Vaticano, 11 de octubre de 2003

 

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