Señores cardenales;
venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio;
amables señores y señoras;
amadísimos hermanos y hermanas:
1. Deseo expresar mi cordial agradecimiento a los organizadores del espléndido
concierto de esta tarde. Mi gratitud se extiende también a los componentes de la
orquesta sinfónica y del coro Mitteldeutscher Rundfunk, que lo han
ejecutado magistralmente bajo la guía del ilustre director Howard Arman.
Mi pensamiento va, asimismo, al cardenal Joseph Ratzinger, al que agradezco las
palabras de saludo que me ha dirigido en nombre de todos los presentes. Saludo
también a los señores cardenales, a los obispos, a los prelados de la Curia
romana, a los miembros del Cuerpo diplomático, a las autoridades y a cada uno de
los que han intervenido. La cordial participación de tantas personas hace aún
más significativo este encuentro.
2. La novena sinfonía, la última, de Ludwig van Beethoven, nos ha invitado a
meditar en la riqueza y a veces en el dramatismo de la existencia humana. En su
gran final, el Himno a la alegría nos ha hecho pensar, no sólo en la humanidad
en su conjunto, sino también en la nueva Europa, que está ensanchando sus
confines a otros países. Ojalá que, aprovechando el patrimonio de valores
humanos y cristianos de su pasado, el continente europeo contribuya a construir
un futuro rico de esperanza y de paz para la humanidad entera.
A todos doy las gracias desde lo más profundo de mi corazón.
Os imparto mi bendición.