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  VIAJE APOSTÓLICO
DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II
A ESLOVAQUIA

DISCURSO DEL SANTO PADRE
DURANTE LA CEREMONIA DE BIENVENIDA


Aeropuerto de Bratislava
Jueves 11 de septiembre de 2003

 

 

Señor presidente de la República;
distinguidas autoridades;
venerados hermanos en el episcopado;
queridos hermanos y hermanas: 

1. Doy gracias al Señor, que me concede pisar por tercera vez el suelo de la amada tierra eslovaca. Vengo como peregrino del Evangelio, para traer a todos un saludo de paz y de esperanza. Saludo cordialmente al señor presidente de la República, al que agradezco las nobles palabras con las que me ha acogido en nombre de todos los habitantes del país. Saludo, asimismo, a las autoridades civiles y militares, agradeciéndoles el empeño puesto en la organización de este viaje apostólico.

Abrazo con afecto a mis hermanos en el episcopado, y en particular al presidente de la Conferencia episcopal, monseñor Frantisek Tondra, obispo de Spis, y al venerado cardenal Ján Chryzostom Korec, obispo de Nitra. Por último, dirijo un cordial saludo en el Señor a todos los hombres y mujeres que viven, trabajan, sufren y esperan en esta tierra eslovaca, e invoco sobre cada uno abundantes bendiciones del Altísimo.

2. La historia civil y religiosa de Eslovaquia se ha escrito también con la contribución de heroicos y dinámicos testigos del Evangelio. Deseo rendir aquí un homenaje agradecido a todos ellos. Pienso, obviamente, en los gloriosos hermanos de Tesalónica, san Cirilo y san Metodio, apóstoles de los pueblos eslavos, pero también en los demás servidores generosos de Dios y de los hombres, que han iluminado con sus virtudes estas regiones. A ellos se suman ahora el obispo Basilio Hopko y sor Zdenka Schelingová, a quienes el próximo domingo tendré la alegría de inscribir en el catálogo de los beatos. Todos han dejado huellas fecundas en la civilización eslovaca. Así, la historia de esta tierra se presenta como historia de fidelidad a Cristo y a la Iglesia.

3. Próximamente, vuestro país entrará con pleno derecho a formar parte de la comunidad de los pueblos europeos. Queridos hermanos, aportad a la construcción de la identidad de la nueva Europa la contribución de vuestra rica tradición cristiana. No os contentéis únicamente con la búsqueda de beneficios económicos, pues una gran riqueza puede crear también una gran pobreza. Sólo edificando, aun con sacrificios y dificultades, una sociedad que respete la vida humana en todas sus expresiones, que promueva la familia como lugar del amor recíproco y del crecimiento de la persona, que busque el bien común y esté atenta a las exigencias de los más débiles, se tendrá la garantía de un futuro fundado en sólidas bases y rico en bien para todos.

4. Mi peregrinación me llevará durante estos días a las diócesis de Bratislava-Trnava, Banská Bystrica y Roznava. Pero en este momento deseo abrazar, al menos espiritualmente, a todos los hijos de Eslovaquia, así como a los representantes de las minorías nacionales y de otras religiones.
Me gustaría poder encontrarme y hablar con todos y cada uno, visitar a cada familia, recorrer vuestro hermoso territorio, e ir a todas las comunidades eclesiales de esta amada nación. Queridos hermanos, sabed que el Papa piensa en cada uno de vosotros y ora por todos.

Dios bendiga a Eslovaquia y os conceda a todos paz, prosperidad y serena concordia, en la fraternidad y en la comprensión recíproca.

 

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