Viernes
12 de septiembre de 2003
Amadísimos hermanos:
Os saludo con afecto en el nombre del Señor. Os agradezco que hayáis venido a
Banská Bystrica para encontraros con el Papa. Vuestra presencia manifiesta de
modo elocuente la colaboración y el entendimiento cordiales que caracterizan la
vida de los discípulos de Cristo en Eslovaquia.
Este encuentro familiar reviste una importancia y un significado particulares.
En efecto, se trata de una ocasión para dejar que resuene en lo más profundo de
nuestro corazón la apremiante oración del divino Maestro: "Que sean uno (...),
para que el mundo crea que tú me has enviado" (Jn 17, 21).
Juntamente con vosotros, pido al Señor omnipotente que nos confirme en la tarea
común de anunciar y testimoniar el Evangelio a los hombres y mujeres de nuestro
tiempo. Que él apresure el día en que podamos alabar juntos su nombre en la
plena comunión de la fe y de la caridad.
"Que el Dios de la paz os santifique plenamente, y que todo vuestro ser, el
espíritu, el alma y el cuerpo, se conserve sin mancha hasta la venida de nuestro
Señor Jesucristo" (1 Ts 5, 23). Es mi deseo y mi oración por vosotros y
por todos los que han sido encomendados a vuestra solicitud pastoral.