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DISCURSO DEL PAPA JUAN PABLO II A LOS CAPITULARES DE LA ORDEN DE LOS CANÓNIGOS
REGULARES PREMONSTRATENSES
Lunes 29 de septiembre
de 2003
Con afecto en el Señor, me alegra mucho saludaros a vosotros, Canónigos
Regulares Premonstratenses, con ocasión de vuestro capítulo general. Agradezco
al abad general emérito Hermenegildus Jozef Noyens sus palabras de afecto y
devoción, y os aseguro a todos mi cercanía espiritual mientras os disponéis a
elegir a vuestro nuevo abad general.
Los Canónigos Regulares Premonstratenses, en su larga e ilustre historia, han
contribuido significativamente al crecimiento y a la vida de la Iglesia, de modo
especial en Europa, y me uno a vosotros hoy en la acción de gracias a Dios por
todas las bendiciones que ha derramado sobre vosotros durante los numerosos
siglos de vuestra existencia. La vida consagrada y su testimonio del mensaje
salvífico de Jesucristo han desempeñado un papel fundamental en la
evangelización de Europa y en la formación de su identidad cristiana. Del mismo
modo que la llamada del Papa Gregorio VII a la renovación fue acogida por san
Norberto, así también la Iglesia hoy cuenta con sus hijos espirituales para
contribuir con entusiasmo a responder a los desafíos planteados por el anuncio
del Evangelio en el alba del tercer milenio. "Europa necesita siempre la
santidad, la profecía, la actividad evangelizadora y de servicio de las personas
consagradas" (Ecclesia in Europa, 37).
En los últimos años vuestra Orden ha extendido su presencia en varias partes del
mundo y ha tratado de servir a la Iglesia con nuevas formas de apostolado, las
cuales exigirán siempre un esfuerzo auténtico por imitar, según el espíritu de
vuestro fundador, el ejemplo de la Iglesia primitiva, viviendo y promoviendo el
ideal del "cor unum et anima una" (cf. Hch 4, 32). Este testimonio
de "koinonía" será un signo fuerte y una fuente de esperanza para un mundo que
debe afrontar formas exageradas de individualismo y fragmentación social. A esta
luz, os exhorto a seguir fomentando un espíritu de caridad fraterna, vivida en
nombre de Jesús y en su amor.
Como muchos otros institutos religiosos, también la familia premonstratense está
experimentando algunas dificultades para atraer vocaciones. A este respecto, os
animo a perseverar en vuestros esfuerzos por dar a conocer al mundo,
especialmente a los jóvenes, la belleza y la alegría de la vocación religiosa.
Que el compromiso que asumís en vuestra profesión -offerens trado me ipsum
Ecclesiae- sea una expresión viva y elocuente de vuestra "entrega radical
por amor al Señor Jesús y, en él, a cada miembro de la familia humana" (Vita
consecrata, 3).
Queridos hermanos en el Señor, que Dios os ilumine durante estos días de
deliberaciones y os sostenga en el camino de santidad y servicio a su Iglesia.
Invocando la intercesión de la santísima Virgen, Reina del rosario, os acompaño
con mi recuerdo y mis oraciones, y os imparto cordialmente a vosotros, miembros
del capítulo general, y a todos los Canónigos Regulares Premonstratenses, mi
bendición apostólica.
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