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MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LA FUNDACI
ÓN  "CENTESIMUS ANNUS, PRO PONTIFICE"

 

Amadísimos hermanos y hermanas: 

1. Me alegra enviar mi saludo a todos los ilustres congresistas, que se han reunido en Roma para la conferencia internacional sobre el tema:  "Afrontar la globalización:  gobierno global y políticas de desarrollo", organizada por la fundación vaticana Centesimus annus, pro Pontifice.

Expreso mi agradecimiento al señor cardenal Attilio Nicora, presidente de la Administración del patrimonio de la Sede apostólica. Saludo al conde Lorenzo Rossi de Montelera, presidente de la fundación Centesimus annus, pro Pontifice, a los relatores y a cuantos se han encargado de la organización del encuentro.

Como es sabido, la globalización constituye un vasto fenómeno social, que plantea muchos desafíos a la comunidad internacional y espera respuestas eficaces y éticamente responsables. Precisamente por eso, resulta muy útil la reflexión que vuestra conferencia quiere desarrollar durante estos días, analizando las instancias emergentes en el contexto social, cultural y económico mundial.
 
2. Vuestra conferencia parte de la consideración de que, por desgracia, en el proceso de globalización mundial la brecha entre los países ricos y los pobres va ensanchándose cada vez más. Ante poblaciones que viven en condiciones inaceptables de miseria, ante cuantos se encuentran en situaciones de hambre, de pobreza y de creciente desigualdad social, es urgente intervenir para defender la dignidad de la persona y la promoción del bien común.

Por eso, con razón os preguntáis cómo pueden integrarse recíprocamente la globalización y la solidaridad para originar dinámicas mundiales que conlleven un crecimiento económico armonioso y, al mismo tiempo, un desarrollo equitativo.

El desafío sigue consistiendo siempre en promover una globalización solidaria, identificando las causas de los desequilibrios económicos y sociales, y sugiriendo opciones operativas adecuadas para asegurar a todos un futuro caracterizado por la solidaridad y la esperanza.

3. Es necesario que el actual proceso de globalización esté animado por valores éticos de fondo y orientado al desarrollo integral de todo hombre y de todo el hombre; es preciso educar las conciencias en un alto sentido de responsabilidad y de atención al bien de toda la humanidad y de cada uno de sus miembros.

Sólo con estas condiciones la familia humana, constituida por pueblos diferentes entre sí por raza, cultura y religión, podrá promover formas de cooperación económica, social y cultural inspiradas por una fraterna humanidad.

Amadísimos hermanos y hermanas, estoy seguro de que también de vuestro encuentro surgirán indicaciones útiles para afrontar con competencia y apertura de corazón estas amplias y emergentes problemáticas económicas y sociales.

Vuestra fundación, respetando las diversas culturas y los estilos de vida, podrá contribuir a la defensa de la dignidad de la persona, en sintonía con el Magisterio de la Iglesia. Se trata de una noble forma de testimonio cristiano, orientado a impregnar nuestra actual sociedad con los valores evangélicos perennes. Dios bendiga todos vuestros esfuerzos y haga fructuosa vuestra actividad.

Por último, aprovecho de buen grado esta ocasión para renovar a esta benemérita institución mi profundo aprecio por el trabajo que desde hace años viene desarrollando al servicio de la Iglesia y, de modo particular, del Sucesor de Pedro.

A la vez que os aseguro a cada uno y a vuestras familias un recuerdo diario en la oración, envío a todos una especial bendición apostólica.

Vaticano, 29 de abril de 2004

 

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