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  PEREGRINACIÓN APOSTÓLICA A LOURDES

DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
 EN LA CEREMONIA DE BIENVENIDA
EN EL AEROPUERTO DE TARBES


Sábado 14 de agosto de 2004

 

Señor presidente;
queridos hermanos en el episcopado;
ilustres autoridades aquí reunidas: 


1. Bendigo al Señor que me permite volver, una vez más, a esta amada tierra de Francia y expresaros a todos mis mejores deseos de gracia y paz. El motivo de mi visita es la celebración del 150° aniversario de la definición del dogma de la Inmaculada Concepción de la santísima Virgen María.

Deseo unirme, con íntima participación, a los millones de peregrinos que, desde todas las partes del mundo, llegan cada año a Lourdes, para encomendar a la Madre del Señor las intenciones que llevan en su corazón y pedir su ayuda y su intercesión.

2. Al acudir a ese lugar bendito, deseo expresarle desde ahora mi cordial saludo a su excelencia, señor presidente, así como a todos los hijos e hijas de su noble país, que precisamente en estos días recuerda el 60° aniversario del "desembarco de Provenza". Ojalá que estas celebraciones favorezcan la concordia entre los pueblos y sirvan para renovar su compromiso común en la búsqueda y construcción de la paz.

Recuerdo con alegría mis anteriores visitas a Francia y también aprovecho de buen grado esta ocasión para rendir homenaje al gran patrimonio de cultura y de fe que ha marcado su historia. En efecto, no puedo olvidar los grandes santos de vuestra tierra, los ilustres maestros del pensamiento cristiano, las escuelas de espiritualidad, los numerosos misioneros que han dejado su patria para llevar por todo el mundo el anuncio de nuestro Señor Jesucristo. Y miro con confianza a la comunidad cristiana de hoy, que acepta con generosidad la invitación a animar nuestro tiempo con la sabiduría y la esperanza que brotan del Evangelio.

3. La Iglesia católica, respetando las responsabilidades y las competencias de cada uno, desea aportar a la sociedad su contribución específica con vistas a la construcción de un mundo en el que los grandes ideales de libertad, igualdad y fraternidad puedan constituir la base de la vida social, en la búsqueda y la promoción incesante del bien común.

Encomiendo estos deseos a la intercesión de la joven Bernardita Soubirous, humilde hija de la tierra de Bigorre, e imploro sobre todo el país, por la intervención maternal de la Virgen María, las bendiciones de Dios, prenda de un presente y de un futuro de prosperidad y paz.

 

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