Señor Presidente:
Su visita me da la oportunidad de enviar un saludo a la querida población
guineana, presente tantas veces en mi recuerdo y oración.
En su País, que tuve la dicha de visitar en 1982, la Iglesia, junto con la
evangelización, desarrolla con los medios a su alcance una generosa obra en la
educación, la sanidad, la promoción de los más desvalidos. Inspirada en el
Evangelio, desea únicamente servir a la promoción de la dignidad del hombre, en
un clima adecuado de libertad, colaboración, reconciliación, comprensión y
respeto, que posibilite el cumplimiento pacífico y fructífero de su misión
espiritual y humanitaria.
Deseo, pues, que este encuentro contribuya a un entendimiento y relaciones
cordiales y serenas entre las autoridades públicas y la comunidad cristiana, que
beneficiarán a todos los ciudadanos en sus anhelos de mejorar sus condiciones de
vida, de tal modo que puedan realizarse como personas y como hijos de Dios.
Agradecido por su visita formulo mis mejores votos por todo el pueblo guineano e
invoco sobre él abundantes bendiciones divinas que le alienten en sus esperanzas
y legítimas aspiraciones.
*Insegnamenti di Giovanni Paolo II, vol. XXVII, 2 p. 641-642.
L'Osservatore Romano. Edición semanal en lengua española n.50 p.6.
L'Osservatore Romano 3.12..2004 p.4.
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