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 ALOCUCIÓN DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A UN GRUPO DE "SIERVOS DEL SUFRIMIENTO"

Jueves 2 de diciembre de 2004

 

Amadísimos hermanos y hermanas: 

1. Me alegra dirigiros un saludo cordial a todos vosotros, que habéis querido realizar esta visita al Sucesor de Pedro con ocasión del décimo aniversario de fundación de vuestro instituto. Sed bienvenidos.

Saludo a monseñor Benigno Luigi Papa, arzobispo de Tarento, que os acompaña, y le agradezco las amables palabras que me ha dirigido en vuestro nombre. Deseo también manifestar a vuestro fundador, monseñor Pietro Galeone, y a toda vuestra familia de los "Siervos del sufrimiento" mi más vivo aprecio por la obra que lleváis a cabo en Italia y en otras naciones, siguiendo a Cristo que con su pasión ha redimido al mundo.

2. Vuestro instituto secular ha nacido de un deseo explícito de san Pío de Pietrelcina, con el fin de servir a los que sufren. Durante estos diez años ha crecido notablemente, convirtiéndose en fuente de esperanza para numerosas personas duramente probadas en el cuerpo y en el espíritu. Estáis llamados a anunciar el evangelio del sufrimiento iluminado por la fe. En la carta apostólica Salvifici doloris escribí que para los cristianos "el evangelio del sufrimiento significa no sólo la presencia del sufrimiento en el Evangelio como uno de los temas de la buena nueva, sino además la revelación de la fuerza salvadora y del significado salvífico del sufrimiento en la misión mesiánica de Cristo y luego en la misión y en la vocación de la Iglesia" (n. 25).

3. Queridos hermanos, contemplando la nube de dolor físico y espiritual que envuelve a la humanidad, ¡cuán necesario es el testimonio que dais! Como "Siervos del sufrimiento", sed silenciosos "cirineos", ayudando a los que sufren y asegurándoles que Dios no olvida ninguna lágrima, sino que, al contrario, las recoge todas y las escribe en su libro (cf. Sal 56, 9).

Seguid los pasos del padre Pío, cuyas enseñanzas tienen siempre gran actualidad; inspiraos constantemente en ellas. Como él, sed apóstoles de la oración y del sufrimiento. La oración ilumina el corazón y lo dispone a aceptar el sufrimiento; el sufrimiento, aceptado con dócil abandono a Dios, abre el alma a la comprensión del dolor de los demás.

Que la Virgen santísima os acompañe y os haga cada vez más fieles a vuestra misión en la Iglesia. Con este deseo, os bendigo a todos.

 

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