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DISCURSO DEL PAPA JUAN PABLO II A LA FEDERACIÓN ITALIANA DE SEMANARIOS
CATÓLICOS
Viernes 3 de diciembre de 2004
Amadísimos hermanos y hermanas:
1. Me alegra acogeros, con ocasión de la asamblea trienal de la Federación
italiana de semanarios católicos. Os saludo cordialmente a todos vosotros, que
representáis a las cerca de 150 cabeceras diocesanas y a vuestros colaboradores,
y extiendo mi cordial saludo a todos vuestros lectores. En particular, saludo a
vuestro presidente, monseñor Vincenzo Rini, y le agradezco las palabras que me
ha dirigido en vuestro nombre.
2. Italia, gracias a Dios, posee una rica tradición de semanarios católicos, con
luminosas figuras de sacerdotes y laicos, que han marcado su historia. Entre
estos quisiera recordar a monseñor Andrea Spada, muy conocido por vosotros, que
ha fallecido precisamente en estos días. La contribución de los periodistas
católicos es muy valiosa también hoy, tanto en el ámbito pastoral como en el
cultural y social.
Prestan ante todo un servicio de información sobre la vida de la Iglesia, además
de suplementos oportunos de documentación y profundización acerca de las
iniciativas eclesiales y sus contenidos. Y los semanarios diocesanos, teniendo
en cuenta su amplia difusión a nivel local, contribuyen eficazmente a impregnar
a las familias, las parroquias y las ciudades de los valores cristianos que
forman gran parte del patrimonio espiritual del pueblo italiano. En particular,
pienso en la defensa de la vida humana en su integridad; pienso, además, en el
matrimonio y en la familia, que una mal entendida cultura de los "derechos
personales" tiende a desnaturalizar; pienso, por último, en los valores de la
verdad, de la justicia y de la solidaridad.
3. Amadísimos hermanos y hermanas, gracias por el servicio que, con vuestras
cabeceras periodísticas, prestáis a la edificación de la "civilización del
amor". En la época de la comunicación global, resulta cada vez más difícil
vuestra misión. Queridos hermanos, no os desaniméis por las dificultades que
encontráis. Seguid anunciando con empeño el evangelio de la verdad y de la
esperanza desde esos singulares "púlpitos" que son vuestros semanarios
diocesanos, permaneciendo siempre abiertos a las amplias perspectivas de la
Iglesia universal.
4. Para poder cumplir plenamente vuestra misión, procurad que no os falte a
vosotros en primer lugar el alimento espiritual necesario de la oración y de una
intensa vida sacramental. Esforzaos, además, por enriquecer vuestra formación
ética y cultural, para que vuestras convicciones se mantengan en sintonía con el
Evangelio y no se dejen desviar por las perniciosas tendencias dominantes en
cierta cultura moderna.
Que os proteja la Virgen Inmaculada e interceda por vosotros san Francisco
Javier, patrono de las misiones, cuya memoria litúrgica se celebra hoy. Os
aseguro mi recuerdo en la oración y os imparto de corazón la bendición
apostólica a todos vosotros, así como a vuestros seres queridos.
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