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DISCURSO DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II A LOS MIEMBROS DE LA FUNDACIÓN "CENTESIMUS
ANNUS, PRO PONTIFICE"
Sábado 4 de diciembre de 2004
Señor cardenal:
1. Con ocasión de la asamblea anual de la fundación vaticana Centesimus annus,
pro Pontifice, me alegra dirigirle a usted y a los socios mi cordial
bienvenida, con un saludo particular para el presidente, conde Lorenzo Rossi di
Montelera.
He sabido con alegría que la Fundación, después de algo más de diez años de su
institución, comienza a difundirse en diócesis de varias naciones, logrando cada
vez más adhesiones. Os exhorto a proseguir el compromiso asumido, esforzándoos
por mantener siempre una relación estrecha con los pastores de las Iglesias
locales.
2. La Fundación busca conjugar el apoyo concreto a las actividades del Papa y de
la Santa Sede con la dedicación a difundir la doctrina de la Iglesia sobre las
grandes cuestiones sociales que los cristianos están llamados a afrontar a la
luz y con la fuerza del Evangelio de Jesús, el gran revelador de la verdad de
Dios sobre el hombre.
Este año la reflexión se ha centrado muy oportunamente en el Compendio de la
doctrina social de la Iglesia, publicado recientemente a cargo del Consejo
pontificio Justicia y paz. En efecto, este texto constituye un instrumento
actualizado para el conocimiento de la doctrina social católica, que a lo largo
del tiempo se ha profundizado de forma significativa para responder a los
complejos problemas de una sociedad mundial en rápido e irregular desarrollo.
Queda mucho por hacer para que la aportación tan rica de la doctrina eclesial
llegue a ser criterio coherente de juicio y fuerza inspiradora convencida de la
acción social de los cristianos. A veces se tiene la impresión de que la
doctrina social de la Iglesia es más citada que conocida, o de que se la
considera un simple horizonte de valores -quizá demasiado grandes y nobles para
que puedan hacerse concretos en este mundo- más que un exigente criterio de
juicio y acción.
3. Por tanto, es muy importante procurar que se conozca la doctrina social de la
Iglesia de modo preciso, motivado y completo, entre otras cosas para evitar que
se privilegie sólo uno de sus aspectos, según sensibilidades y orientaciones
preconcebidas, acabando por perder su visión unitaria y por usarse de modo
instrumental.
Además, es necesario educar para tomar esta doctrina como punto estimulante de
referencia de las responsabilidades familiares, profesionales y civiles,
asumiéndola como criterio compartido de opciones y acciones personales y
comunitarias, en continuidad con los hermosos testimonios dados, especialmente
desde la
Rerum novarum en adelante, por cristianos humildes y grandes que
han vivido el celo por la causa del hombre a la luz del Evangelio.
En todo caso, será decisivo considerar la doctrina social como elemento
caracterizador de la espiritualidad del fiel laico. A este respecto, el
"Compendio" recuerda oportunamente que la espiritualidad seglar "rechaza tanto
el espiritualismo intimista como el activismo social, y se expresa
en una síntesis vital que confiere unidad, sentido y esperanza a la existencia,
por numerosas y diversas razones contradictoria y fragmentada" (n. 545).
4. Exhorto, por tanto, a los socios a hacer todo lo posible para que la
Fundación logre estas finalidades, en plena sintonía con las orientaciones de
sus Estatutos recientemente renovados después de la primera experiencia decenal.
Las grandes cuestiones que inquietan y desafían a la humanidad a nivel mundial
en un marco cada vez más "global" e "interdependiente" deben afrontarse con una
límpida visión del hombre y de su vocación personal y social, sobre el
fundamento común de la ley natural. Pero, como recuerda el
Catecismo de la
Iglesia católica, "los preceptos de la ley natural no son percibidos por
todos de una manera clara e inmediata. En la situación actual, la gracia y la
revelación son necesarias al hombre pecador para que las verdades religiosas y
morales puedan ser conocidas "de todos y sin dificultad, con una firme certeza y
sin mezcla de error" (Concilio Vaticano I, constitución Dei Filius, 2)"
(n. 1960).
5. La doctrina social de la Iglesia ilumina con la luz de la Revelación los
valores fundamentales de una convivencia humana ordenada y solidaria,
rescatándolos de oscurecimientos y ambigüedades. Los cristianos laicos, abiertos
a la acción de la gracia de Dios, son el instrumento vivo para que esos valores
puedan llegar a impregnar eficazmente la historia.
Por tanto, además de expresar una vez más mi aprecio tanto por la actividad
formativa y cultural de los socios como por el generoso apoyo que brindan al
Papa para que pueda responder mejor a las numerosas necesidades que requieren
diariamente su solicitud pastoral en favor de todas las Iglesias, le imparto de
buen grado a usted, venerado hermano, y a cada uno de ellos una especial
bendición apostólica, que con gusto extiendo a todos sus seres queridos.
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