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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II AL SEÑOR ALGIRDAS SAUDARGAS NUEVO
EMBAJADOR DE LITUANIA ANTE LA SANTA SEDE*
Lunes 6 de diciembre de 2004
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Señor embajador:
1. Es para mí motivo de viva satisfacción recibir las cartas con las que la
República Lituania lo acredita como embajador extraordinario y
plenipotenciario ante la Santa Sede. ¡Sea bienvenido!
Ante todo, deseo manifestarle mi aprecio por las palabras con las que se ha
hecho intérprete de los sentimientos de la nación, que ahora usted representa
aquí. Acojo con gratitud y estima las expresiones que, por medio de usted, me
dirige el señor presidente de la República, también en nombre del pueblo
lituano.
Señor embajador, le ruego que transmita mi vivo y cordial saludo a las
autoridades de su país, que tuve la alegría de visitar en septiembre de 1993.
Asimismo, le aseguro un recuerdo diario en la oración por todos los lituanos,
con quienes me unen vínculos culturales y espirituales.
2. Su presencia, señor embajador, evoca en mí recuerdos indelebles de los
numerosos contactos mantenidos con el pueblo lituano, cuyas vicisitudes, como
usted ha puesto de relieve, la Sede apostólica no ha dejado de seguir durante su
larga y atormentada historia.
Forma parte de la misión del Sucesor de Pedro sostener a los creyentes de todo
el mundo y, al mismo tiempo, recordar constantemente los valores universales
sobre los cuales es posible construir una sociedad justa y solidaria. La Santa
Sede, sostenida por la convicción secular de que la ley moral universal
constituye un camino seguro para la convivencia civil, no se cansa de defender
los derechos de los pueblos a presentarse en el escenario de la historia con sus
peculiaridades propias, en el respeto de las legítimas libertades de cada uno.
3. Sé que en el debate cultural y social que tiene lugar actualmente en su
patria se siente la necesidad de destacar las raíces cristianas, de las que el
pueblo lituano ha recibido su savia vital a lo largo de los siglos.
Renuevo el deseo de que los representantes de los ciudadanos lituanos,
recurriendo siempre al noble patrimonio de ideales humanos y evangélicos que
caracterizan la historia de su nación, se comprometan con interés sincero en la
construcción de una sociedad libre sobre sólidos fundamentos éticos y morales.
Desde esta perspectiva, exhorto a los católicos, que constituyen gran parte de
la población, a colaborar con todas las personas de buena voluntad para evitar
que también la sociedad lituana se vea arrastrada por el fuerte influjo del
modelo de vida laicista y hedonista y por sus falaces seducciones. Los
creyentes, conscientes de que no deben contentarse con combatir las
consecuencias del mal, están dispuestos a colaborar con cuantos, a través de una
legislación oportuna y de estilos de comportamiento equilibrados, favorecen la
defensa de la familia y de la vida, desde su concepción hasta su muerte natural.
4. Permítame, además, manifestarle mi íntima satisfacción por el ingreso del
país, que usted representa aquí, en el conjunto de las naciones de la Europa
unida. Quiera Dios que este continente encuentre los modos y los caminos para
construir la paz y la prosperidad en un clima de fructuosa colaboración, en el
respeto de las culturas y de los derechos legítimos de todos, persiguiendo el
objetivo del bien de las personas y de toda Europa, desde el Atlántico hasta los
Urales.
A la vez que le renuevo mis mejores deseos para la alta misión que su país le
encomienda, deseo asegurarle la plena, leal y cordial colaboración de cuantos me
ayudan en el cumplimiento de las tareas propias de la Sede apostólica. En mis
colaboradores podrá encontrar interlocutores atentos por lo que concierne a las
cuestiones bilaterales y, más en general, a la promoción del bien común en la
comunidad internacional.
La Sede apostólica, que ya ha firmado algunos acuerdos con Lituania en materias
de interés común, considera que el método del diálogo cordial y leal es el
camino real para superar cualquier dificultad que pudiera surgir en las
relaciones recíprocas.
Al mismo tiempo que le expreso mis mejores deseos para el alto servicio que hoy
inicia, le imparto de buen grado la bendición apostólica a usted, a sus
colaboradores y a sus seres queridos.
*L'Osservatore Romano. Edición semanal en lengua española n. 51 p.4.
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