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 DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
AL SEÑOR FERENC GYURESÁNY,
PRIMER MINISTRO DE HUNGRÍA*


Sábado 18 de diciembre de 2004

 

Señor primer ministro:

Me complace darle la bienvenida al Vaticano y agradecerle su amable saludo. Con la entrada de Hungría en la Unión europea este año, se ha abierto un nuevo y significativo capítulo de su historia. Confío en que su país dé una contribución específica al futuro de este continente, aprovechando el rico patrimonio de valores culturales y espirituales que, desde el tiempo de san Esteban, forman el alma del pueblo húngaro.

A este respecto, pienso especialmente en los jóvenes de su nación, y en la importancia de que se les forme en sólidas virtudes morales y cívicas. La Iglesia, que busca contribuir al bien común en el cumplimiento de su misión religiosa y educativa, se interesa mucho en esta área. Por eso, aprecio la serie de acuerdos jurídicos firmados por Hungría y la Santa Sede durante los últimos años, especialmente el Acuerdo sobre la financiación de las actividades de servicio público y otras actividades religiosas realizadas en Hungría por la Iglesia católica. Este acuerdo define de un modo jurídicamente vinculante el papel de la Iglesia en un ámbito importante de la sociedad húngara, respetando debidamente los derechos humanos a la libertad religiosa y a la educación.
Espero que el espíritu de cooperación constructiva siga caracterizando tanto la obra de la Iglesia como la del Estado en la tarea de aplicar fielmente lo que se ha negociado y acordado.
Excelencia, además de agradecerle su visita, le aseguro mis oraciones por todo el amado pueblo húngaro e invoco de corazón sobre la nación las bendiciones de Dios de prosperidad y paz.


*L'Osservatore Romano. Edición semanal en lengua española n.52 p.8.

 

© Copyright 2004 - Libreria Editrice Vaticana

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