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ALOCUCIÓN DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LAS CAPITULARES DE LA ORDEN
DEL SANTÍSIMO SALVADOR DE SANTA BRÍGIDA


Lunes 9 de febrero de 2004

 

Queridas Hermanas: 

1. Vuestra visita es para mí motivo de gran alegría, y me complace acogeros mientras está a punto de concluir el IX capítulo general de vuestra Orden del Santísimo Salvador de Santa Brígida. Junto con vosotras están reunidas espiritualmente aquí, en torno al Sucesor de Pedro, vuestras hermanas que trabajan en diversos países del mundo. A todas y a cada una envío mi más cordial saludo.

De modo especial, saludo con afecto a la abadesa general, madre Tekla Famiglietti, que ha sido confirmada para un nuevo sexenio. A la vez que le agradezco los sentimientos expresados en las palabras que me ha dirigido, le formulo a usted, así como al nuevo consejo general, mis mejores deseos de un provechoso trabajo al servicio de la benemérita familia de las "brígidas", que durante estos años ha ido creciendo y se ha enriquecido con nuevas obras y actividades. Juntamente con vosotras, doy gracias a Dios por este consolador desarrollo apostólico y por el prometedor florecimiento vocacional.

2. "Volver a las raíces... para una renovación de la vida religiosa" es el tema sobre el que habéis querido reflexionar durante la asamblea capitular. En un clima de silencio y oración, os habéis puesto a la escucha del Espíritu Santo para discernir cuáles son las prioridades de vuestra Orden en nuestro tiempo. Toda auténtica renovación requiere una sabia recuperación del espíritu de los orígenes, a fin de traducir el carisma fundacional en opciones apostólicas que respondan a las exigencias de los tiempos. Por eso, fieles a la peculiar vocación monástica que caracteriza a la familia de las brígidas, habéis querido reafirmar el primado absoluto que Dios debe ocupar en la existencia de cada una de vosotras y de vuestras comunidades. Estáis llamadas, ante todo, a ser "especialistas del espíritu", es decir, almas ardientes de amor divino, contemplativas y constantemente dedicadas a la oración.

3. Sólo si sois "especialistas del espíritu", como lo fue santa Brígida, podréis encarnar fielmente en nuestro tiempo el carisma de radicalismo evangélico y de unidad heredado de la beata Isabel Hesselblad. A través de la hospitalidad y la acogida que brindáis en vuestras casas, podréis testimoniar el amor misericordioso de Dios a todo hombre y el anhelo de  unidad  que Cristo dejó a sus discípulos.

En la carta apostólica Novo millennio ineunte escribí que el gran desafío del tercer milenio es "hacer de la Iglesia la casa y la escuela de la comunión", y que, para ese fin, hace falta "promover una espiritualidad de comunión" (cf. n. 43). Os pido, queridas hermanas, que seáis por doquier constructoras infatigables del "gran ecumenismo de la santidad". Vuestra acción ecuménica es particularmente apreciada, porque se realiza en naciones del norte de Europa, donde la presencia de los católicos es menor y la promoción del diálogo con los hermanos de otras confesiones cristianas es importante.

Que la Virgen María, Madre de Cristo y de la Iglesia, vele sobre vuestra Orden e intercedan por vosotras santa Brígida y la beata Isabel Hesselblad. Yo os acompaño con un recuerdo diario ante el Señor, mientras de corazón os bendigo a vosotras y a todas vuestras comunidades.

 

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