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MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A MONS. JULIÁN BARRIO BARRIO
CON OCASIÓN DE LA APERTURA DE LA PUERTA SANTA
DE SANTIAGO DE COMPOSTELA

 

A Mons. JULIÁN BARRIO BARRIO
Arzobispo de Santiago de Compostela

1. Con motivo de la apertura de la Puerta Santa, que señala el comienzo del Año Jubilar Compostelano 2004, primero del tercer milenio del cristianismo, envío un cordial saludo a los pastores y fieles de esa Archidiócesis de Santiago de Compostela y a los queridos hijos de Galicia. Asimismo, me uno espiritualmente, ya desde ahora, a los peregrinos que desde el resto de España, Europa y los más recónditos lugares de la tierra, se encaminarán de muy diversas maneras hacia la tumba del Apóstol Santiago, movidos por el deseo sincero de conversión.

A lo largo de la historia han sido innumerables los hombres y mujeres que se han dirigido hacia el llamado "Finis terrae" con espíritu de oración y de sacrificio. Sus huellas anónimas, siguiendo la dirección de la Vía Láctea, fueron conformando el Camino. La peregrinación jacobea nos habla de los orígenes espirituales y culturales del viejo Continente, pues la Iglesia y Europa son dos realidades íntimamente unidas en su ser y en su destino (cf. Ecclesia in Europa, 108). Por ello, a pesar de la actual crisis cultural que, en ciertos aspectos, repercute en la vida de algunos cristianos, debemos reafirmar que el Evangelio sigue siendo una referencia fundamental para el Continente. Yo mismo he peregrinado en dos ocasiones a esa Ciudad, llamada con razón "capital espiritual de la unidad europea". De ello conservo un recuerdo imborrable.

2. La Iglesia compostelana, que desde tiempo inmemorial ha recibido el privilegio de custodiar el Sepulcro del Amigo del Señor, se siente llamada a acoger generosamente y transmitir el sentido profundo de la vida, inspirado en la fe que Santiago, el Boanerges (cf. Mc 3, 17), proclamó.

Por ello, el Camino de Santiago, a través del cual tantos peregrinos han purificado y acrecentado su fe a lo largo de la historia y que ha dejado su impronta netamente cristiana en la cultura humana, no puede olvidar su dimensión espiritual. El fenómeno jacobeo, que hace únicamente referencia al secular itinerario a Compostela, no puede desfigurar su identidad a causa de los factores culturales, económicos y políticos que conlleva. Cualquier iniciativa que intentara desvirtuar o adulterar su carácter específicamente religioso sería una tergiversación de sus auténticos orígenes. A este respecto, el peregrino no es, pues, sólo un caminante: es, ante todo, un creyente que, a través de esa experiencia de vida y con la mirada fija en la intrepidez del Apóstol, quiere seguir fielmente a Cristo.

"Peregrinos por Gracia. ¿Qué conversación es la que lleváis por el camino?". Este lema del presente Año Santo hace referencia al relato evangélico de los discípulos de Emaús y es una imagen del peregrinar cristiano, muy adecuada para los peregrinos del nuevo milenio.

3. A través de los siglos, la esencia de la peregrinación a Santiago de Compostela ha sido la conversión al Dios vivo a través del encuentro con Jesucristo. La celebración de este Jubileo se propone también como camino de conversión. En efecto, gentes de todos los Continentes se darán cita en Compostela para confesar su fe cristiana e implorar y acoger el perdón de Dios misericordioso, cuya plenitud se manifiesta en la gracia de la indulgencia jubilar que conlleva la remisión total de la pena temporal debida por los pecados. El peregrino, abandonando progresivamente su comportamiento anterior, está llamado a revestirse del "hombre nuevo", asumiendo la nueva mentalidad propuesta por el Evangelio. El rito del Botafumeiro es, por otra parte, signo de su purificación, de su nuevo ser ofrecido como incienso que sube a la presencia del Señor.

La peregrinación a la Basílica Compostelana durante el Año Jubilar ha de suponer, pues, un renovado impulso para la comunidad cristiana en el empeño de revitalizar la fe. Para ello son esenciales los sacramentos de la Penitencia y la Eucaristía.

El gesto tradicional del abrazo al Apóstol, testigo y mártir de Jesucristo, simboliza la acogida gozosa de la fe que Santiago el Mayor predicó sin desmayo hasta dar su vida. Por eso, la Ruta jacobea no es solamente una meta. Cruzando el umbral del majestuoso Pórtico de la Gloria, los peregrinos, orientando su vida a la luz de las Escrituras, retornan a sus lugares de origen para ser allí testimonios vivos y creíbles del Señor.

De este modo, los dinteles de esta Puerta de gracia, evocadora imagen de la Jerusalén celeste, serán testigos de la audacia de quienes no temen el futuro ni los obstáculos que aún quedan por superar para que se manifieste la humanidad nueva, y nos recordarán que la vida misma es un camino por Cristo hacia Dios Padre en el Espíritu.

4. La peregrinación, pues, a pesar de su dureza y fatiga, es un anuncio gozoso de la fe. Un camino personal en el que los peregrinos, siguiendo el ejemplo del "Hijo del Trueno", se convierten en intrépidos y celosos apóstoles. Con su caminar reflexivo, entregados a la intimidad con el Señor en la oración y el silencio, apoyados en el bordón de su Palabra, contemplando las maravillas que el Creador plasmó en la naturaleza, con su ascesis personal, ligeros de equipaje y provisiones, evitando los peligros de la experiencia gnóstica de preocupantes movimientos pseudorreligiosos y culturales, son invitados a anunciar el Reino de Dios.

El Camino es, además, un espacio y tiempo para el diálogo, la reconciliación y la paz; un itinerario de fraternidad espiritual y un impulso del compromiso ecuménico de acuerdo con la vocación universal de la Iglesia. La hospitalidad, característica inherente a la peregrinación, supone también una importante aportación a la actual sociedad europea, donde el fenómeno de la migración requiere una particular atención.

5. Este Año Santo nos ofrece una ocasión propicia para impulsar, con renovado vigor, el compromiso con los valores de la Buena Nueva, proponiéndolos persuasivamente a las nuevas generaciones e impregnando con ellos la vida personal, familiar y social.

A ello se orientan las diversas actividades pastorales programadas para el Jubileo, particularmente la reunión de la Comisión del Episcopado de la Comunidad Europea (COM.E.CE) y el Encuentro Europeo de Jóvenes. Son acontecimientos que manifiestan la vitalidad de la fe de la Iglesia fundada en la predicación apostólica y que deben proyectarse fraternalmente hacia América y los demás Continentes. Compostela debe seguir siendo voz profética, faro luminoso de vida cristiana y de esperanza para las nuevas vías de la evangelización (cf. Discurso en la plaza del Obradoiro, 19 de agosto de 1989, 2).

6. A Santa María del Camino, Virgen Peregrina, icono de la Iglesia en marcha por el desierto de la historia, que acompañará a los peregrinos en su itinerario penitencial, y a la protección del Señor Santiago, que les acogerá sonriente a su llegada al Pórtico de la Gloria, encomiendo este Año Jacobeo con la confianza de que los frutos abundantes de esta celebración jubilar ayuden a revitalizar la vida cristiana, manteniéndonos firmes en la fe, seguros en la esperanza y constantes en la caridad.

Con tales deseos, y en señal de benevolencia, les imparto complacido la Bendición Apostólica.

Vaticano, 30 de noviembre de 2003, I Domingo de Adviento.

JUAN PABLO II

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