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MENSAJE DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II
AL RECTOR DE LA UNIVERSIDAD DE BOLONIA
CON OCASIÓN DE LA CONCESIÓN DEL "SIGILLUM MAGNUM"

 

Al ilustre señor
Profesor PIER UGO CALZOLARI
Rector magnífico
de la Universidad de Bolonia


Con profunda gratitud acepto el homenaje de la Universidad de Bolonia que, con ocasión del XXV aniversario de mi pontificado, ha querido conferirme el Sigillum magnum del Alma mater studiorum. Me siento particularmente honrado por este valioso reconocimiento, considerando que el ateneo boloñés es uno de los más antiguos y famosos del mundo. El ambiente universitario y, de modo especial, los jóvenes estudiantes han ocupado siempre un lugar privilegiado en mi solicitud pastoral. A ellos les he dedicado con entusiasmo muchas energías de mi sacerdocio y de mi episcopado. Luego, como Obispo de Roma, repetidamente me he encontrado con las comunidades académicas en toda ocasión propicia, no sólo en Roma y en Italia, sino también durante mis viajes apostólicos.

Ensanchando aún más el horizonte, me complace pensar que esta muestra de estima está motivada por la atención especial que he reservado a la cultura y a su importancia fundamental para la promoción del hombre y del progreso histórico. "Genus humanum arte et ratione vivit":  lo que afirmé en 1980 en París, dirigiéndome a los miembros de la Unesco (Discurso del 2 de junio de 1980, n. 17:  L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 15 de junio de 1980, p. 13) se lo repito ahora a usted, rector magnífico, dirigiéndome así idealmente a toda la comunidad del Alma mater studiorum de Bolonia. Existe una reciprocidad inseparable entre la educación del hombre y la cultura. En efecto, si la persona humana se educa de acuerdo con la calidad de la cultura en la que vive, también es verdad que el valor de la cultura se mide por su capacidad de hacer crecer al hombre según su altísima vocación, es decir, ayudándole a ser cada vez más hombre (cf. ib., 11).

Por tanto, a la vez que renuevo la expresión de mi gratitud por el don del Sigillum magnum, que conservaré siempre como singular documento de los vínculos que me unen al mundo universitario, lo animo a usted y a todo el senado académico a hacer que la actividad científica y cultural esté impulsada siempre por un sincero amor al hombre y ordenada a su promoción armoniosa e integral.
Con este fin, aseguro un recuerdo particular en la oración y de buen grado invoco sobre usted, sobre los profesores y sobre los alumnos de la Universidad de los estudios de Bolonia la abundancia de las bendiciones celestiales.

Vaticano, 3 de julio de 2004

 

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