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ALOCUCIÓN DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
 AL SÍNODO PERMANENTE
DE LA IGLESIA GRECO-CATÓLICA UCRANIANA

Jueves 3 de junio de 2004

 

Señor cardenal;
venerados hermanos en el episcopado: 


1. Me alegra este encuentro con vosotros, que representáis a la Iglesia greco-católica ucraniana, a sus pastores, a los religiosos y las religiosas, así como a todos sus fieles.

Le agradezco, señor cardenal, las amables palabras que me ha dirigido en nombre de los hermanos, y deseo aseguraros mi cercanía con el afecto, con la oración y con la admiración más profunda por la vitalidad de vuestra Iglesia y por la fidelidad que la ha caracterizado a lo largo de los siglos.

Llena de heroicos testimonios, dados también en el pasado reciente, está comprometida en programas pastorales en los que el clero y los laicos prestan una colaboración generosa y concorde con vistas a una eficaz obra de evangelización, favorecida por el clima de libertad que hoy se respira también en vuestro país.

2. Por estos motivos, comparto vuestra aspiración, bien fundada también en la disciplina canónica y conciliar, a tener una plena configuración jurídico-eclesial. La comparto en la oración y también en el sufrimiento, esperando el día establecido por Dios en el que podré confirmar, como Sucesor del apóstol san Pedro, el fruto maduro de vuestro desarrollo eclesial. Mientras tanto, sabéis bien que se está estudiando seriamente vuestra petición, también a la luz de la valoración de otras Iglesias cristianas.

Ojalá que esta espera no sea impedimento para vuestra audacia apostólica ni motivo para apagar o atenuar la alegría del Espíritu Santo que lo anima y lo estimula a usted, querido cardenal Husar, así como a sus hermanos en el episcopado, junto con los sacerdotes, los religiosos y los fieles, a un compromiso cada vez más intenso en el anuncio del Evangelio y en la consolidación de vuestra tradición eclesial.

Venerados hermanos, os pido que transmitáis a vuestros fieles la expresión de mi vivo recuerdo y la seguridad de mi constante oración, junto con la bendición apostólica, que de todo corazón os imparto a vosotros y a todos los miembros de la Iglesia greco-católica ucraniana.

 

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