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  VIAJE APOSTÓLICO DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II A BERNA 
CON MOTIVO DEL ENCUENTRO NACIONAL
DE LOS JÓVENES CATÓLICOS DE SUIZA

DISCURSO DE JUAN PABLO II 
EN LA
CEREMONIA DE BIENVENIDA 
EN EL AEROPUERTO DE PAYERNE
 

Sábado 5 de junio de 2004

 

Señor presidente;
venerados hermanos;
ilustres señores y señoras: 


1. Por tercera vez la divina Providencia me trae a este noble país, Suiza, encrucijada de idiomas y culturas, para encontrarme con un pueblo que conserva antiguas tradiciones y está abierto a la modernidad.

Dirijo mi cordial y deferente saludo al señor presidente de la Confederación Helvética y le agradezco sus palabras de bienvenida. Saludo a las demás autoridades y les doy las gracias por la acogida, así como por todo lo que han hecho con el fin de facilitar, también esta vez, mi estancia en Suiza.

Saludo fraternalmente al presidente de la Conferencia episcopal, a los demás obispos presentes y, a través de ellos, saludo a las comunidades eclesiales de todos los cantones de vuestro país. Mi saludo se dirige también con afecto a los cristianos de las demás confesiones y a todas las personas de buena voluntad que habitan en el país.

2. La finalidad de mi peregrinación apostólica es encontrarme con los jóvenes católicos de Suiza con ocasión de su asamblea nacional. Me reuniré con ellos esta tarde en el palacio de deportes "Bern Expo" y será una fiesta para ellos y también para mí.

Lo que me impulsa a recorrer los senderos del mundo es el deber de anunciar el Evangelio de Cristo, para volverlo a proponer a los hombres y mujeres del tercer milenio, especialmente a las nuevas generaciones. Cristo es el Redentor del hombre. Quien cree en él y lo sigue se convierte en constructor de la civilización del amor y de la paz.

3. Queridos habitantes de Suiza, me permito llamar idealmente al corazón de cada uno de vosotros, entrando en vuestras casas y en los diversos lugares donde vivís y realizáis vuestras actividades diarias. Quisiera volver a proponer a todos el gozoso anuncio evangélico de Cristo salvador, expresando a cada uno el deseo de su paz.

Con estos sentimientos, pido al Señor que derrame la abundancia de sus dones sobre todo el país.
¡Dios bendiga a Suiza!

 

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