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DISCURSO DEL PAPA JUAN PABLO II
A LOS PARTICIPANTES EN LA PEREGRINACI
ÓN
DE LA DIÓCESIS DE AVERSA (ITALIA)


Sábado 19 de junio de 2004

 

Amadísimos hermanos y hermanas de la diócesis de Aversa: 

1. Me alegra daros a todos vosotros mi cordial bienvenida. Este encuentro representa un momento significativo de vuestra peregrinación a las tumbas de los Apóstoles, al concluir la visita pastoral realizada por vuestro arzobispo.

Os saludo con afecto, comenzando por vuestro pastor, monseñor Mario Milano, al que agradezco las amables palabras que me ha dirigido en nombre de todos los presentes. Saludo al señor cardenal Crescenzio Sepe, prefecto de la Congregación para la evangelización de los pueblos, a los sacerdotes, a los religiosos, a las religiosas y a cuantos están comprometidos en los consejos parroquiales y en las actividades pastorales diocesanas. Mi saludo va también a todos vosotros, aquí presentes, así como a los que no han podido participar personalmente, con un recuerdo especial para los jóvenes, las familias y las personas solas, ancianas o enfermas. A cada uno aseguro mi cercanía espiritual con el afecto y la oración.

2. La visita pastoral, que hoy se concluye idealmente, ha sido para vuestra comunidad diocesana uno de los frutos más importantes del gran jubileo del año 2000; un singular "tiempo de gracia", que ha favorecido la reflexión y ha impulsado la comunión entre los diversos componentes de la diócesis, en íntima unidad con su pastor y con el Sucesor de Pedro. Estoy convencido de que suscitará en todos los creyentes un renovado impulso ascético y misionero para construir una nueva sociedad.

A este propósito, recuerdo lo que os dije en la primavera del año 2000, al encontrarme con vosotros en la plaza de San Pedro. Mencioné entonces la importancia de la solidaridad material y espiritual. Os dirijo hoy la misma invitación:  "Sed testigos de solidaridad" (L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 21 de abril de 2000, p. 15). Solidaridad que comienza por los aspectos más inmediatos de la vida diaria, como el trabajo y la asistencia, para construir una sociedad más justa y equitativa.

3. Sin embargo, además de los ámbitos sociales, el sentido de solidaridad y de ayuda recíproca debe abarcar también los de la comunión espiritual y la misión evangelizadora de toda comunidad cristiana. ¿No es la santidad el testimonio más elevado de solidaridad que vuestra diócesis está llamada a dar a los hombres y mujeres de nuestro tiempo? Sí, amadísimos hermanos y hermanas, anunciad con coherencia a Cristo y su Evangelio con generosa fidelidad y abandono confiado a la voluntad divina. Alimentad vuestra existencia con ferviente oración, dócil escucha de la palabra de Dios y frecuente recurso a los sacramentos, especialmente a los de la confesión y la Eucaristía.

Amadísimos hermanos y hermanas, proseguid el camino emprendido, fortalecidos también por la gracia de esta peregrinación. Quiera Dios hacer fecundos vuestros propósitos de comunión eclesial y el compromiso en favor de la nueva evangelización, siguiendo las indicaciones que ha proporcionado la visita pastoral.

Desde el santuario mariano de Casapesenna, que tuve la alegría de visitar hace catorce años, la Virgen santísima siga acompañándoos en este arduo itinerario espiritual y apostólico.
Por mi parte, os aseguro mi cercanía espiritual y de corazón os bendigo, juntamente con vuestras comunidades parroquiales y religiosas, vuestras familias y todos vuestros seres queridos.

 

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