Ilustres señores;
amables señoras:
1. Me alegra encontrarme con vosotros, con ocasión del Simposio europeo de
profesores universitarios, en el que reflexionáis y debatís sobre
fundamentos, experiencias y perspectivas de la familia en Europa, en el
marco del Año internacional de la familia. A cada uno de vosotros dirijo mi
cordial saludo. En particular, saludo al cardenal Camillo Ruini, y le
agradezco las amables palabras que ha querido dirigirme en vuestro nombre.
Expreso profundo aprecio por la elección del tema: en efecto, con la familia
está en juego el futuro de Europa. Se puede decir que la familia es el
espejo de la sociedad y, por tanto, también de la Europa que se está
construyendo. La evolución de la familia es y será el signo más importante del
desarrollo cultural e institucional del continente. Por consiguiente, es muy
oportuno que las universidades, y especialmente los profesores cristianos, sigan
con atención las dinámicas familiares, promoviendo en las nuevas generaciones
una reflexión responsable y consciente.
2. En el primer milenio, el encuentro entre el derecho romano y el mensaje
cristiano dio origen a lo que podríamos llamar el modelo europeo de
familia, difundido después a gran escala en América y en Oceanía. Las
vicisitudes de este modelo coinciden con las de la civilización llamada
occidental. En efecto, a mitad del siglo pasado, en las comunidades social y
económicamente más desarrolladas surgieron con fuerza fenómenos que constituían
síntomas de una profunda crisis, con las consecuencias que hoy están ante los
ojos de todos (cf.
Ecclesia in Europa, 90). Ante esa crisis, la familia
ha sido siempre un elemento de cohesión y de fuerza e, incluso cuando ha
sido aguerridamente combatida, ha seguido siendo objeto de aspiraciones, deseos,
proyectos y nostalgias. En realidad, el origen de la crisis es de tipo cultural,
hasta tal punto que hoy las nuevas generaciones parecen sentirse
fuertemente atraídas por el ideal de la familia tradicional, pero son
prácticamente incapaces de asumir su responsabilidad de modo adecuado.
3. Se comprende, entonces, la importancia de un simposio como el vuestro, que
analiza la institución familiar precisamente en el nivel de los fundamentos
-filosóficos, jurídicos y teológicos-, para interpretar a fondo las experiencias
actuales, a menudo problemáticas y a veces dramáticas, y captar las múltiples
perspectivas que se abren en torno a un renovado modelo familiar.
Pero la cuestión central es precisamente esta: ¿se puede hablar también hoy de
un modelo de familia? La Iglesia está convencida de que, en el contexto actual,
es más necesario que nunca reafirmar las instituciones del matrimonio y la
familia como realidades que derivan de la sabia voluntad de Dios y revelan
plenamente su significado y valor dentro de su designio creativo y salvífico (cf.
ib.;
Gaudium et spes, 48;
Familiaris consortio, 11-16). Con
este fin, además de las iniciativas propiamente pastorales, resulta muy
significativo el papel de los que actúan en el ámbito de la cultura y de la
investigación científica, donde se usa el método del diálogo y la
confrontación entre diversas disciplinas interesadas en las temáticas
familiares.
4. En este método os estáis inspirando durante el actual simposio con referencia
al contexto europeo. Deseo que esta oportuna iniciativa contribuya a hacer que
en la Europa de hoy y del futuro la familia desempeñe adecuadamente el papel
que le corresponde por su altísima dignidad. Con este fin, os aseguro un
especial recuerdo en la oración e invoco la intercesión de la Sagrada Familia de
Nazaret, modelo de toda familia.
A cada uno de vosotros, queridos hermanos, os deseo un buen trabajo y una serena
estancia en Roma. Acompaño este deseo con mi bendición, que extiendo a vuestros
seres queridos.