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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II AL OBISPO MAKARIOS Y A UN
GRUPO DE PROFESORES Y ALUMNOS DEL INSTITUTO DE TEOLOGÍA
ORTODOXA DE CHAMBÉSY
Martes 29
de junio
de 2004
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Excelencia; señor rector; queridos estudiantes:
Me alegra vuestra visita de estudio y de información a Roma, en el marco de los
contactos continuos que se han entablado desde hace varios años entre el Centro
ortodoxo del Patriarcado ecuménico, en el que tiene su sede el Instituto de
teología ortodoxa de estudios superiores, y el Comité católico para la
colaboración cultural en el seno del Consejo pontificio para la promoción de la
unidad de los cristianos. Recuerdo con gratitud mi visita al Centro y la larga y
eficaz colaboración con su primer director, el metropolita Damaskinos. Os acojo
con alegría en esta ciudad de Roma, y deseo que la dimensión espiritual de
vuestra visita y vuestro encuentro con la gran tradición de fe alimentada por la
Iglesia de los apóstoles san Pedro y san Pablo os permitan descubrir todo lo que
compartimos en nuestro esfuerzo milenario por proclamar el Evangelio de Cristo.
Vuestra visita os brindará también la ocasión de encontraros con los
responsables del Consejo pontificio para la promoción de la unidad de los
cristianos, así como con otros dicasterios de la Santa Sede y universidades
pontificias. Estas diversas entrevistas favorecen el conocimiento mutuo. Así, se
vislumbra cada vez mejor "la hora del encuentro y del intercambio de dones,
sobre la base de un conocimiento mutuo objetivo y profundo" (Audiencia a los
miembros del "Consejo de gestión" del Comité católico para la colaboración
cultural, 18 de enero de 2003, n. 2: L'Osservatore Romano, edición
en lengua española, 24 de enero de 2003, p. 5).
Esta primera "visita de estudio y de información" de vuestro instituto a Roma
coincide con el cuadragésimo aniversario del histórico encuentro entre el Papa
Pablo VI y el Patriarca Atenágoras I en Jerusalén. Doy gracias al Señor, que
donó a su Iglesia este admirable testimonio de fraternidad, y os aliento a
trabajar para que el compromiso asumido en la tierra del Señor siga siendo un
firme deber para todos. Con este mismo espíritu, me alegra la visita a Roma de
Su Santidad el Patriarca Bartolomé. Constituye una nueva etapa del diálogo de la
caridad, cuya aurora se perfiló tan luminosamente en Jerusalén. Tened la
seguridad de que el Obispo de Roma os acoge con sentimientos de amistad y pide a
Dios que derrame sobre vosotros la abundancia de sus bendiciones.
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