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  DISCURSO DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II
AL PRESIDENTE DE LA REP
ÚBLICA FEDERAL DE ALEMANIA, JOHANNES RAU*

Sábado 6 de marzo de 2004

 

Distinguido señor presidente:

1. Me complace darle la bienvenida al Vaticano a usted, a su esposa y a su séquito. Ha venido a visitarme para manifestar las cordiales relaciones que existen entre la República federal de Alemania y la Santa Sede. Por ello, señor presidente, le ruego que acepte mi sincera gratitud.

2. Alemania se presenta a Europa y al mundo con la riqueza de sus länder. La estructura federal de la República, en la que la multiplicidad de la tradición cultural de sus regiones constituye un conjunto tan armonioso como estimulante, puede considerarse, por algunos de sus rasgos fundamentales, como un modelo para los pueblos unidos de Europa. Indudablemente, también el cristianismo forma parte de la herencia espiritual y cultural común del continente. Los länder alemanes son ricos en extraordinarias manifestaciones de fe cristiana, que también hoy ofrece una orientación y una dimensión a la vida de muchas personas, modelando así su convivencia. Precisamente los cristianos comprometidos en la política comparten la responsabilidad de hacer que esta valiosa herencia cristiana siga fecundando abundantemente la sociedad en Alemania y en toda Europa.

3. Alemania goza hoy de una buena reputación en todo el mundo. Esto depende en gran parte de que los alemanes están dispuestos a compartir su bienestar con las personas de los países económicamente más pobres. Por eso, desde el principio, la República federal ha contribuido al desarrollo con medios notables. A esto se suma el generoso apoyo que el Estado alemán brinda, también a través de las organizaciones de ayuda eclesiales, a innumerables proyectos que merecen ser promovidos y, por consiguiente, también a las personas necesitadas, en los países menos favorecidos.

Son muchos los que han podido experimentar con gratitud que los alemanes no piensan sólo en sí mismos y en sus problemas, sino que también dan mucha importancia a la justicia, a la solidaridad y a la educación, tanto en su país como en el resto del mundo.

4. Distinguido señor presidente, con ocasión de su visita le quiero expresar el deseo y la confianza en que sigan profundizándose tanto la cooperación experimentada entre el Estado y la Iglesia en Alemania, como las buenas relaciones entre la República federal, los länder y la Santa Sede. Imploro de corazón para usted personalmente, para sus colaboradores, para todos los habitantes de la República federal de Alemania, así como para su familia, la abundante bendición de Dios.


*L'Osservatore Romano. Edición semanal en lengua española n.11 p.6.

 

© Copyright 2004 - Libreria Editrice Vaticana

 

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