 |
MENSAJE DEL SANTO
PADRE JUAN PABLO II AL OBISPO DE ALESSANDRIA EN EL V CENTENARIO DEL
NACIMIENTO DE SAN PÍO V
Al venerado hermano
Mons. FERNANDO CHARRIER
Obispo de Alessandria
1. Me complace enviarle un cordial saludo con ocasión de las celebraciones
jubilares organizadas para el V centenario del nacimiento de mi predecesor san
Pío V. Extiendo mi afectuoso saludo a los fieles de esa amada diócesis, que
recuerda merecidamente, con alegría y gratitud hacia Dios, a su ilustre hijo.
Las diversas manifestaciones convocadas para celebrar este feliz aniversario
brindan la oportunidad de reavivar la memoria de este gran Pontífice y
reflexionar sobre la rica herencia de ejemplos y enseñanzas que transmitió, muy
valiosos también para los cristianos de nuestro tiempo.
Ojalá que la celebración del V centenario de su nacimiento sea motivo de
bendición para toda la Iglesia y, de manera especial, para la amada diócesis de
Alessandria, así como para la comunidad eclesial de Piamonte. Que la intercesión
de san Pío V y el ejemplo de sus virtudes estimulen a cada uno a fortalecer su
fe, manteniéndola incontaminada y en contacto permanente con las fuentes de la
Revelación, y difundiéndola en la sociedad, para edificar una humanidad abierta
a Cristo y ordenada a la construcción de la civilización del amor.
2. La época en la que le tocó vivir era realmente muy diferente de la actual y,
sin embargo, no faltan entre ellas analogías singulares. En los dos períodos
históricos se han consolidado energías religiosas convergentes y, al mismo
tiempo, se han registrado crisis profundas en la sociedad, con enfrentamientos
entre ciudades y pueblos, que han desembocado a veces en dolorosos conflictos
armados. En ambas épocas la Iglesia se ha comprometido a buscar caminos nuevos
para reavivar la fe y proponerla de modo adecuado en las nuevas condiciones
culturales y sociales, incluso mediante la celebración del concilio de Trento,
entonces, y del concilio Vaticano II, en el siglo pasado. Tras los respectivos
concilios, se ha realizado el esfuerzo, no siempre fácil, de aplicar fielmente
sus enseñanzas, dando vida a procesos de auténtica reforma de la Iglesia.
En ese contexto histórico y religioso, que caracterizó el siglo XVI, se sitúa la
historia humana y espiritual de san Pío V, que concluyó el 1 de mayo del año
1572. Desde su infancia, Michele Ghislieri experimentó la dureza de la pobreza,
y tuvo que contribuir con su trabajo al mantenimiento de su familia. Se inspiró
en los valores típicos de su amada tierra de Alessandria, a la que permaneció
siempre muy unido, hasta el punto de que, llamado a formar parte del Colegio
cardenalicio, se le conocía como el cardenal Alessandrino.
A los 14 años entró en la Orden de Predicadores y realizó el itinerario
formativo en los conventos de Vigevano, Bolonia y Génova, aplicándose sin
descanso a recorrer el camino de la perfección evangélica mediante la oración y
el estudio, y bebiendo abundantemente de los manantiales de la palabra de Dios,
según el carisma dominicano.
Ya entonces manifestaba un gusto particular por la sagrada Escritura y por la
doctrina de los Padres, dedicándose con pasión también al estudio de las obras
de santo Tomás de Aquino, a quien él mismo, al convertirse en Sumo Pontífice,
incluyó en el número de los doctores de la Iglesia. Fue ordenado sacerdote en
Génova el año 1528.
Encargado por el Papa Pablo III de velar por la pureza de la fe en las regiones
de Padua, Pavía y Como, tomó como modelos y protectores a santo Domingo, san
Pedro mártir de Verona, san Vicente Ferrer y san Antonino de Florencia, con la
única preocupación de buscar siempre la mayor gloria de Dios y el auténtico bien
de los hermanos, fiel al lema que escogió: "caminar en la verdad". Prosiguió
con el mismo celo cuando fue nombrado en Roma comisario para la doctrina de la
fe, y en los demás cargos que le confiaron los Papas Julio III, Pablo IV y Pío
IV. Elegido obispo de Nepi y Sutri en 1556, fue creado cardenal en 1557, y en
1560 fue nombrado obispo de Mondoví.
3. A los 62 años, en enero de 1566, fue elegido Sucesor de Pedro y, durante los
años de su pontificado, se dedicó a reavivar la práctica de la fe en todos los
miembros del pueblo de Dios, dando a la Iglesia un providencial impulso
evangelizador. Incansable en el trabajo pastoral, buscaba contactos directos con
todos, sin tener en cuenta la fragilidad de su estado de salud. Se preocupó por
aplicar fielmente las decisiones del concilio de Trento: en el campo litúrgico,
con la publicación del Misal romano renovado y del nuevo Breviario; en el ámbito
catequístico, encomendando sobre todo a los párrocos el "Catecismo del concilio
de Trento"; en teología, introduciendo en las universidades la Summa de
santo Tomás. Recordó a los obispos el deber de residir en la diócesis para una
esmerada solicitud pastoral de los fieles; a los religiosos, la conveniencia de
la clausura; y al clero, la importancia del celibato y de la santidad de vida.
Consciente de la misión recibida de Cristo, buen pastor, se dedicó a apacentar
la grey que le había sido encomendada, invitando a recurrir diariamente a la
oración, privilegiando la devoción a María, que contribuyó a incrementar
notablemente, dando un fuerte impulso a la práctica del rosario. Él mismo lo
rezaba íntegro cada día, aunque tuviera numerosas y arduas tareas que realizar.
4. Venerado hermano, quiera Dios que el celo apostólico, la constante aspiración
a la santidad y el amor a la Virgen que caracterizaron la vida de san Pío V sean
para todos estímulo a vivir con un compromiso más intenso su vocación cristiana.
De modo especial, quisiera invitar a imitarlo en su filial devoción mariana,
redescubriendo la sencilla y profunda oración del rosario que, como recordé en
la carta apostólica
Rosarium Virginis Mariae, ayuda a contemplar el
misterio de Cristo: "En la sobriedad de sus partes, concentra en sí la
profundidad de todo el mensaje evangélico, del cual es como un compendio. (...)
Con él, el pueblo cristiano aprende de María a contemplar la belleza del
rostro de Cristo y a experimentar la profundidad de su amor" (n. 1).
Mediante el rezo ferviente del rosario, se pueden obtener gracias
extraordinarias por intercesión de la Madre celestial del Señor. San Pío V
estaba tan convencido de esto que, después de la victoria de Lepanto, quiso
instituir una fiesta específica de la Virgen del Rosario.
A María, Reina del santo rosario, al inicio de este tercer milenio, le encomendé
con el rezo del rosario el bien precioso de la paz y el fortalecimiento de la
institución familiar. Renuevo esta consagración confiada por intercesión de san
Pío V, gran devoto de María.
5. Le aseguro un recuerdo particular en la oración por usted, venerado hermano,
por los obispos que estén presentes en la clausura del centenario, por los
comités nacionales y de honor, por las autoridades de la región, de la provincia
y de los municipios del territorio de Alessandria, por el clero, por los
religiosos, por los amados fieles y por cuantos participen en la santa misa del
5 de mayo, al concluir las celebraciones jubilares en la iglesia del monasterio
de la Santa Cruz, en Boscomarengo.
A todos envío de corazón una especial bendición apostólica.
Vaticano, 1 de mayo de 2004
|