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ALOCUCIÓN DEL PAPA JUAN PABLO II
A LA GUARDIA SUIZA PONTIFICIA
EN LA CELEBRACIÓN DE SU FIESTA


Jueves 6 de mayo
de 2004

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Estimado señor coronel;
reverendo capellán;
queridos guardias;
queridos familiares y amigos de la Guardia suiza: 


1. Una vez más, el juramento de los reclutas de la Guardia suiza constituye para mí una grata ocasión para daros a todos la bienvenida al palacio apostólico. En particular, saludo a los nuevos guardias, así como a sus padres, familiares y amigos, que quieren compartir este momento significativo en la vida de los jóvenes. Queridos guardias, vuestra disponibilidad al servicio y vuestro compromiso testimonian de modo elocuente vuestra fidelidad al Sucesor de Pedro, vuestra profunda fe y también las nobles virtudes que están vivas en vuestra amada patria suiza. Estad seguros de que estimo mucho el servicio, a veces muy exigente, que prestáis aquí, en el Vaticano, con vuestro esfuerzo intenso y valioso. También a las numerosas personas que cada año visitan la basílica de San Pedro y la Ciudad del Vaticano les impresiona vuestro servicio desinteresado. Por esas razones, este encuentro con vosotros y con vuestros queridos familiares me llena de sincera alegría.

2. Vuestra misión de servicio al Papa y a la Iglesia, queridos nuevos reclutas de la Guardia suiza, se inserta en el compromiso de vuestro bautismo. En vuestro puesto tenéis que testimoniar vuestra fe en Cristo, muerto y resucitado; cada momento importante de nuestra existencia -y para vosotros lo es este día- constituye una ocasión para descubrir más profundamente la verdad de Cristo, para creer en él y para vivir el amor fraterno que nos ha revelado y enseñado. Que los rostros de todos los que encontréis en vuestro humilde servicio, los miembros de la Curia y los peregrinos de cada día, representen para vosotros llamadas a acoger el sentido auténtico de nuestra vida:  descubrir y dar a conocer el amor de Dios a cada uno. Doy las gracias en especial a vuestras familias, que han venido para acompañaros. Han aceptado que vengáis a Roma para vivir este servicio, y os sostienen con su afecto y sus oraciones. Que el juramento que vais a pronunciar, queridos jóvenes, prolongue y honre la memoria de vuestros predecesores, que dieron su vida, el 6 de mayo de 1527, para proteger al Papa Clemente VII. El Papa lo sabe bien y os asegura hoy su profunda gratitud.

3. Amadísimos Guardias suizos pontificios, gracias por el servicio que prestáis al Sucesor de Pedro y a sus colaboradores en el Vaticano. Se trata de un compromiso exigente y, quizá, a veces arduo, pero por el cual Dios os recompensará. Sed siempre fieles a vuestra misión, cultivando con esmero el ideal de amor a Cristo y a la Iglesia que vuestras familias y las comunidades cristianas de Suiza se esfuerzan constantemente por alimentar. Como sabéis, si Dios quiere, los días 5 y 6 del próximo mes de junio participaré, en Berna, en el encuentro de los jóvenes católicos de Suiza, y me reuniré también con los miembros de la asociación de ex Guardias suizos. Cuento también con la oración y el apoyo espiritual de todos vosotros.

Os renuevo con afecto mis deseos más cordiales para esta fiesta y os aseguro que os tendré siempre presentes en mis oraciones.

4. Por intercesión de la santísima Virgen María, Madre de Dios, y de vuestros patronos, san Martín y san Sebastián, así como del santo protector de vuestra patria, hermano Nicolás de Flüe, de corazón os imparto la bendición apostólica a vosotros, a vuestras familias y vuestros amigos, así como a todos los que han venido a Roma con ocasión del juramento.

 

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