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ALOCUCIÓN
DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II A LOS EMBAJADORES ANTE LA UNESCO*
Sábado 8 de mayo de 2004
Señor presidente; excelencias:
1. Con afecto os saludo, embajadores de la Organización de las Naciones Unidas
para la educación, la ciencia y la cultura, al venir al Vaticano; y le agradezco
a usted, embajador Omolewa, los amables sentimientos que me ha expresado. Espero
que vuestra visita a la ciudad eterna os enriquezca y os renueve en vuestros
esfuerzos por proteger y promover un auténtico progreso educativo, científico y
cultural.
El avance de la sociedad humana está directamente relacionado con el progreso de
la cultura. En realidad, la cultura es un modo específico de "vivir" y de "ser"
para la humanidad y, al mismo tiempo, forma un vínculo que determina el carácter
único de la existencia social del hombre. En efecto, los hombres viven una vida
verdaderamente humana gracias a la cultura, que encuentra una importante
expresión en las artes y en las ciencias.
2. La Iglesia ha sido siempre amiga de las artes y de las ciencias. En verdad,
el patrimonio artístico mundial es un tesoro de creatividad humana; da un
testimonio elocuente de la inteligencia de la humanidad, que participa en el
trabajo del Creador divino. La Iglesia siempre ha recurrido a las bellas artes
para que le ayudaran a celebrar el don de la vida y, muy particularmente, sus
ritos sagrados de una manera verdaderamente digna, adecuada y hermosa.
Al obrar así, ha ayudado a desarrollar un patrimonio incomparable de música,
arte y literatura, que representa una contribución significativa al progreso de
la cultura. Además, la Iglesia ha estimulado el desarrollo de las ciencias,
especialmente en su promoción de la dignidad y el valor de la vida humana.
3. Este compromiso se ha expresado concretamente a través de la creación de
numerosas instituciones, como la Academia pontificia de ciencias, que celebró
recientemente su cuarto centenario, la Academia pontificia de ciencias sociales
y la Academia pontificia para la vida.
Por desgracia, en estos tiempos difíciles, frecuentemente nuestro progreso se ve
amenazado por los males de la guerra, la pobreza, el racismo y la explotación de
los demás. Estas influencias nefastas no sólo pesan sobre nuestra existencia
humana, sino que también dificultan nuestra capacidad de construir un mundo
mejor.
4. Pido en mi oración para que organizaciones como la Unesco sigan siendo un
elemento fundamental en la construcción de una verdadera cultura fundada en la
paz, la justicia y la igualdad.
Expresándoos mis mejores deseos para la prosecución de vuestra misión, invoco
sobre vosotros y sobre todos vuestros colegas la abundancia de las bendiciones
divinas.
*L'Osservatore Romano. Edición semanal en lengua española n°20 p.7.
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Libreria Editrice Vaticana
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