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  DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
AL CAP
ÍTULO GENERAL DE LA SOCIEDAD DE SAN PABLO

Jueves 13 de mayo
de 2004


 

Amadísimos hermanos: 

1. Ya ha pasado un año desde la gran fiesta de beatificación de vuestro fundador, don Santiago Alberione. Con alegría os acojo hoy a vosotros, sus hijos espirituales, reunidos para el capítulo general de la Sociedad de San Pablo. Os saludo y os agradezco los cordiales sentimientos, de los que se ha hecho amable intérprete vuestro nuevo superior general, don Silvio Sassi, a quien expreso mis mejores deseos de buen trabajo. A través de vosotros, quisiera enviar mi saludo a todos vuestros hermanos esparcidos en numerosas naciones del mundo.

2. El tema de vuestra asamblea capitular es significativo:  "Ser san Pablo vivo hoy. Una congregación que mira adelante". En estas palabras está todo el espíritu de don Alberione:  su veneración por el apóstol san Pablo, su optimismo evangélico y su "mística del apostolado", inspirada totalmente en la meditación de los escritos paulinos. Hace cincuenta años escribió:  "La familia paulina debe ser san Pablo vivo hoy, según la mente del divino Maestro, actuando bajo la mirada y con la gracia de María, Regina Apostolorum" (Boletín "San Pablo", julio-agosto de 1954). De aquí la exigencia de imitarlo, como escribía a los cristianos de Corinto:  "Sed imitadores míos, como yo lo soy de Cristo" (1 Co 11, 1). Por tanto, el tema que habéis elegido os invita a recomenzar desde Cristo y desde san Pablo.

3. Pero ¿cómo puede realizarse esto? El mismo beato Alberione os lo indica:  se trata de conocer mejor al Apóstol, imitar mejor sus virtudes, invocarlo y amarlo. Cada nueva generación de paulinos debe redescubrir, en cierto sentido, a san Pablo:  "Conocer al Apostolus Christi, al Magister gentium, al Minister Ecclesiae, al Vas electionis, al Predicator evangelii, al Martyr Christi". Es preciso esforzarse por imitar a san Pablo con amor filial, para ser "formados" por él:  "Ut nosmetipsos formam daremus vobis" (2 Ts 3, 9), como recordaba el Apóstol a los Tesalonicenses. Vuestro fundador observa con razón que es necesario fomentar hacia él una confianza especial en la oración, basada en la conciencia de ser sus hijos:  "Los hijos reciben la vida del padre; por eso, vivir en él, de él y por él, para vivir a Jesucristo" (Boletín "San Pablo", octubre de 1954).

4. De esta fidelidad al carisma depende el futuro de vuestra congregación. Esforzaos para que la necesaria competencia profesional vaya unida siempre a la constante búsqueda de la santidad. Ante todo, sed hombres de oración y testigos gozosos de una indefectible fidelidad a Cristo. Que en la cima de todo proyecto esté él, el divino Maestro, en quien debe converger toda acción apostólica y misionera en un campo, el de las comunicaciones sociales, muy importante para la nueva evangelización. Con esta orientación interior, en plena fidelidad a la Iglesia y a sus pastores, podréis llevar a cabo un profundo trabajo de actualización de la valiosa herencia espiritual, doctrinal y apostólica que os dejó vuestro fundador.

5. Estimulados por su ejemplo, preguntaos siempre:  ¿qué haría san Pablo si viviera en nuestro tiempo? El mismo don Alberione os responde:  "Si san Pablo viviera, seguiría ardiendo con esa doble llama...:  el celo por Dios y su Cristo, y por los hombres de cada país. Y para hacerse oír subiría a los púlpitos más elevados y multiplicaría su palabra con los medios del progreso actual:  prensa, cine, radio y televisión" (Boletín "San Pablo", octubre de 1954).

Queridos hermanos, este es vuestro arduo programa apostólico. Si lo realizáis con constante fidelidad al espíritu originario de vuestro instituto, daréis una valiosa contribución a la misión de la Iglesia en el tercer milenio.

Os guíe y acompañe María santísima, Reina de los Apóstoles. Os aseguro un recuerdo particular en la oración, y de corazón os bendigo a vosotros y a todos vuestros hermanos.

 

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