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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
AL CONSEJO ESPECIAL PARA EUROPA
DE LA SECRETAR
ÍA GENERAL DEL SÍNODO DE LOS OBISPOS

Viernes 14 de mayo de 2004

 

Amadísimos hermanos en el episcopado: 

1. Os dirijo a todos mi saludo particularmente gozoso en este tiempo pascual, mientras os encontráis en Roma para la cuarta reunión del Consejo especial para Europa de la Secretaría general del Sínodo de los obispos.

Os expreso mi gratitud por el trabajo que realizáis en favor de la colegialidad episcopal, ofreciendo al Sucesor de Pedro el apoyo de vuestro prudente consejo y de vuestra caridad pastoral.
Junto con vosotros, hoy, tengo la alegría de saludar a monseñor Nikola Eterovic, a quien he llamado recientemente a prestar, como secretario general del Sínodo de los obispos, este especial servicio al ministerio petrino y a la colegialidad de los pastores de la Iglesia.

2. Es la primera vez que os reunís después de la promulgación de la exhortación apostólica postsinodal Ecclesia in Europa, fruto de la II Asamblea especial para Europa del Sínodo de los obispos. Vuestro objetivo es reflexionar sobre su recepción y promover una difusión, un conocimiento y una aplicación mejores, como deseamos, de este importante documento, nacido en el clima sinodal de la Iglesia que peregrina en nuestra Europa.

Vuestra reunión se celebra en un momento particular, caracterizado por la reciente ampliación de la Unión europea. La Iglesia católica espera que este proceso continúe hasta alcanzar los confines geográficos del continente, abrazando a todos sus pueblos. En efecto, esos pueblos, además de tener fuertes vínculos históricos, comparten los mismos valores culturales y religiosos.

3. Una Europa de los pueblos, unida en el respeto de la legítima pluralidad que enriquece a todas las naciones, tanto a las pequeñas como a las grandes, en un proceso abierto de intercambio de dones. Una Europa en la que se respete la dignidad trascendente de la persona humana, el valor de la razón, de la libertad, de la democracia, del Estado de derecho y de la distinción entre política y religión (cf. Ecclesia in Europa, 109). Esta Europa, fundada en el derecho, decidida a respetar los valores humanos y cristianos y orientada a la solidaridad en favor de todos sus miembros, sobre todo de los más necesitados, se convertirá en un continente próspero y pacífico, cuyo ejemplo será estimulante para los demás pueblos y naciones.

La Iglesia católica, con la fuerza del mensaje de paz y de esperanza que le ofrece el Señor resucitado, no se cansará de volver a proponer este ideal a los pueblos europeos en este importante momento de su historia, comprometiéndose, en lo que le compete, en favor de la puesta en práctica de este noble proyecto, a fin de que se transforme en manantial de un futuro mejor para todos sus habitantes y para la humanidad entera.

4. Encomiendo el cumplimiento de estos generosos propósitos a la intercesión de la santísima Virgen María, Madre de la esperanza, a fin de que Europa, reencontrándose a sí misma, sea capaz de construir un futuro mejor para todos sus ciudadanos, en el respeto de los derechos de Dios y del hombre, y se convierta cada vez más en un continente próspero y pacífico.

Como signo de comunión colegial y de gratitud por vuestro valioso servicio, también en vuestra calidad de miembros del Consejo especial para Europa de la Secretaría general del Sínodo de los obispos, os imparto de buen grado la bendición apostólica.

 

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