Señor Presidente:
Con mucho gusto le recibo y le doy mi más cordial bienvenida, al tiempo que
le agradezco su visita, formulando mis mejores votos por su persona y por su
altísima misión al servicio del pueblo hondureño. En esta ocasión deseo renovar
mi afecto por los habitantes de su País, que recuerdo siempre en mi oración,
pidiendo a Dios que bendiga a cada uno de ellos, a las familias y a los diversos
grupos sociales para que puedan tener un presente sereno y un futuro
esperanzador, construyendo una sociedad basada en la justicia y la paz, la
fraternidad y la solidaridad, lo cual favorecerá el progreso integral de todos,
especialmente de los más desfavorecidos.
Sobre Vuestra Excelencia, sobre sus colaboradores en el Gobierno y sobre todo
el católico pueblo de Honduras invoco toda clase de bendiciones del Dios
providente y misericordioso, por mediación de la Santísima Virgen de Suyapa, tan
venerada en esa amada Nación.
*Insegnamenti di Giovanni Paolo II, vol. XXVII, 1 pag.622.
L'Osservatore Romano. Edición semanal en lengua española n.21 p.6.
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