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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LA ASAMBLEA GENERAL
DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL ITALIANA


Jueves 20 de mayo de 2004

 

Amadísimos hermanos en el episcopado: 

1. "Gracia a vosotros y paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo" (Ga 1, 3). Con estas palabras del apóstol san Pablo os dirijo mi saludo afectuoso a cada uno y os aseguro mi cercanía en la oración, para que el Señor ilumine y sostenga vuestra labor diaria de pastores al servicio de la Iglesia y de la amada nación italiana.

Saludo en particular a vuestro presidente, el cardenal Camillo Ruini, al que agradezco las palabras que me ha dirigido en nombre de todos. Saludo también a los demás cardenales, a los vicepresidentes de vuestra Conferencia y al secretario general.

2. En vuestra asamblea general habéis continuado la reflexión sobre la parroquia, a la que ya dedicasteis la asamblea de noviembre del año pasado en Asís, a fin de llegar a propuestas compartidas para la necesaria renovación, desde la perspectiva de la nueva evangelización, de esta realidad eclesial fundamental. Especialmente en Italia, la parroquia asegura la constante y solícita cercanía de la Iglesia a toda la población, de cuyas necesidades espirituales se hace cargo, interesándose a menudo también por muchas otras necesidades, para brindar a cada uno la posibilidad de un camino de fe que lo introduzca más profundamente en la vida de la Iglesia y lo haga partícipe de su misión apostólica.

A este propósito, amadísimos hermanos en el episcopado, conozco y comparto profundamente vuestra solicitud por las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada, y deseo dirigir, también en vuestro nombre, una cordial invitación a los jóvenes y a las muchachas de Italia, para que consideren atenta y serenamente la llamada que el Señor tal vez les dirija y, en ese caso, para que la acojan, no con temor sino con alegría:  es un don extraordinario, que abre nuevos horizontes de vida para quienes son llamados y para numerosos hermanos y hermanas suyos.

Esa misma invitación a la disponibilidad y a la confianza la dirijo a las familias de las personas llamadas, hoy a menudo preocupadas por el futuro de sus hijos. Les digo:  no os limitéis a consideraciones de corto alcance. Sabed que el Señor no se deja vencer en generosidad, y que toda llamada suya es una gran bendición también para la familia de quien es llamado.

3. Otro asunto tratado en vuestra asamblea es el importante tema de las comunicaciones sociales, con la presentación y el examen del Directorio titulado "Comunicación y misión".

Conocemos bien el profundo influjo que los medios de comunicación ejercen hoy en los modos de pensar y en los comportamientos, personales y colectivos, orientando hacia una visión de la vida que, por desgracia, tiende con frecuencia a corroer valores éticos fundamentales, especialmente los que conciernen a la familia.

Sin embargo, los medios de comunicación pueden ser empleados también con finalidades y resultados muy diversos, contribuyendo en gran medida a la consolidación de modelos positivos de vida e incluso a la difusión del Evangelio.

Por tanto, el Papa está a vuestro lado, amadísimos obispos italianos, en el empeño con que, ya desde hace muchos años, sostenéis y promovéis el diario católico y los semanarios diocesanos, y, más recientemente, fomentáis una presencia cristiana cualificada en el ámbito de la radio y la televisión. Deseo vivamente que todos los católicos italianos comprendan y compartan la importancia de este compromiso, contribuyendo así a hacer más positivo y sereno el clima cultural en el que todos vivimos.

4. El terrorismo, las acciones de guerra y la violación de los derechos humanos, que hacen tan difícil y peligrosa la situación internacional, pesan mucho, queridos hermanos en el episcopado, en nuestro corazón. Sigo unido a vuestra oración, especialmente por los rehenes en Irak, por los que arriesgan la vida y por los que la pierden en el cumplimiento de su deber.

Aprecio mucho la iniciativa, que habéis emprendido desde hace más de un año, de promover peregrinaciones de paz a Tierra Santa, y la apoyo de todo de corazón. Muchos de vosotros habéis ido personalmente a esos lugares, llevando a numerosos peregrinos. Se trata también de un signo fuerte de cercanía y solidaridad con las comunidades cristianas que viven allí y tienen gran necesidad de nuestra ayuda.

5. Amadísimos obispos italianos, comparto cordialmente la atención que dedicáis a la vida de esta querida nación.

Es preciso, en particular, que por encima de los motivos de contraste y contraposición prevalezca la búsqueda sincera del bien común, para que el camino de Italia sea más ágil e inicie una nueva fase de desarrollo, con la creación de muchos más puestos de trabajo, tan necesarios especialmente en algunas regiones del sur.

Un tema decisivo, sobre el que es necesario redoblar los esfuerzos, sigue siendo el de la familia fundada en el matrimonio, la defensa y la acogida de la vida, y la responsabilidad primaria de los padres en la educación. Repito hoy con vosotros las palabras que constituyeron este año el tema de la Jornada en favor de  la  vida:  "Sin  hijos no hay futuro".

En verdad, es necesario y urgente, para el futuro de Italia, un esfuerzo convergente de las políticas sociales, de la pastoral de la Iglesia y de todos los que pueden influir en el sentir común, para que los matrimonios jóvenes redescubran la alegría de engendrar y educar hijos, participando de modo singular en la obra del Creador.

6. Amadísimos obispos italianos, os aseguro mi oración diaria por vosotros, por vuestras Iglesias y por toda la comunidad nacional, para que el pueblo italiano mantenga siempre viva, y ponga al servicio de la Europa unida, que se está construyendo, su gran herencia de fe y de cultura.
Con estos sentimientos de profundo afecto os imparto a vosotros, a vuestros sacerdotes, a cada diócesis y a cada parroquia italiana una especial bendición apostólica.

 

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