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ALOCUCIÓN
DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II A UNA DELEGACIÓN DE BULGARIA
Lunes 24 de mayo de 2004
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Señor presidente; queridos hermanos en el episcopado y en el sacerdocio; señoras
y señores:
1. En el marco de vuestra tradicional visita en memoria de san Cirilo y san
Metodio, honrados en la venerable basílica de San Clemente, habéis querido venir
a Roma para saludarme y felicitarme con ocasión de mi 84° cumpleaños. Os
agradezco este gesto cordial, que aprecio, y os doy la bienvenida. Quiero darle
las gracias, señor presidente de la Asamblea nacional, por las amables palabras
que me ha dirigido en nombre de todos. Le ruego que, al volver, exprese al señor
presidente de la República mis mejores deseos, así como mis sentimientos de
afecto al querido pueblo búlgaro, recordando mi feliz visita a su país, hace dos
años.
2. Dirijo un saludo en particular a vuestro venerado patriarca, Su Santidad
Máximo, así como a los miembros del Santo Sínodo de la Iglesia ortodoxa búlgara.
Que el ejemplo de los santos hermanos de Tesalónica sostenga los esfuerzos de
todos por reafirmar los valores espirituales que dan al alma del pueblo búlgaro
su identidad y su fuerza.
Desde hace algunos años vuestro país ha reencontrado su lugar en la escena
internacional y prosigue su camino de libertad y democracia, tratando también de
consolidar la concordia en el seno de la nación. Actualmente está comprometido
en un esfuerzo paciente por adherirse de manera estable a las instituciones de
la Unión europea. A este respecto, deseo que Bulgaria realice sus legítimas
aspiraciones, aportando, gracias a las riquezas culturales y espirituales que
derivan de sus tradiciones seculares, su contribución a la construcción europea.
Con este fin, pido a Dios que bendiga a Bulgaria, el país de las rosas, y
conceda a todos sus habitantes vivir y desarrollarse en un clima de serenidad y
paz.
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