de 2004
Excelencias:
1. Me alegra acogeros con ocasión de la presentación de las cartas que os
acreditan como embajadores extraordinarios y plenipotenciarios de vuestros
países: Surinam, Sri Lanka, Malí, Yemen, Zambia, Nigeria y Túnez. Os doy las
gracias por haberme transmitido las amables palabras de vuestros jefes de
Estado, y os ruego que, al volver, les expreséis mis mejores deseos para sus
personas y para su elevada misión al servicio de sus países. A través de
vosotros, saludo también a los responsables de la sociedad civil y a las
autoridades religiosas de vuestras naciones, así como a todos vuestros
compatriotas. Aprovecho la ocasión de vuestra presencia en el Vaticano para
enviar mis fervientes votos a la comunidad católica de vuestros respectivos
países, y mis deseos cordiales a todos vuestros compatriotas.
2. De todos los continentes llegan continuamente informaciones inquietantes
sobre la situación de los derechos del hombre, las cuales indican que algunas
personas, hombres, mujeres y niños, son torturadas y profundamente heridas en su
dignidad, en contra de la Declaración universal de derechos humanos (cf.
artículo 5). Así, se hiere y ofende a toda la humanidad. Dado que todo hombre es
hermano nuestro, no podemos callar ante estos abusos, que son intolerables.
Corresponde a todos los hombres de buena voluntad, tanto los que ocupen cargos
de responsabilidad como los simples ciudadanos, hacer todo lo posible
para que se respete a todo ser humano.
3. Hoy, apelo a la conciencia de nuestros contemporáneos. En efecto, es preciso
formar la conciencia de los hombres, a fin de que cesen para siempre las
violencias insoportables que pesan sobre nuestros hermanos, y todos los hombres
se movilicen en favor del respeto de los derechos más fundamentales de toda
persona. No podremos vivir en paz y nuestro corazón no podrá estar en paz
mientras todos los hombres no sean tratados dignamente. Es nuestro deber ser
solidarios con todos. No podrá haber paz si no nos movilizamos todos,
especialmente vosotros los diplomáticos, para que se respete a cada hombre del
mundo. Sólo la paz permite esperar en el futuro. Por eso, vuestra misión
consiste en estar al servicio de las relaciones fraternas entre las personas y
entre los pueblos.
4.Así pues, formulo votos de paz para vuestros Gobiernos y para todos los
habitantes de vuestros países, así como para toda la humanidad. En este momento
en que comenzáis vuestra noble misión ante la Santa Sede, os expreso mis mejores
deseos, invocando la abundancia de las bendiciones divinas sobre vosotros, sobre
vuestras familias, sobre vuestros colaboradores y sobre las naciones que
representáis.
*L'Osservatore Romano. Edición semanal en lengua española n. 23 p.6 (p.294).
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