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ALOCUCI ÓN
DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II A UNA DELEGACIÓN DE SAN PETERSBURGO
Jueves 27 de mayo de 2004
Señor presidente; distinguidos señores:
El cortés y apreciado gesto que os ha traído hoy a esta casa es para mí
particularmente grato. Testimonia los sentimientos de atención recíproca y de
intensas relaciones que San Petersburgo y la Sede apostólica han mantenido a lo
largo de los tres siglos pasados desde la fundación de la ciudad. Sed
bienvenidos.
Le agradezco, señor presidente, las amables palabras que me ha dirigido también
en nombre de los presentes y de toda la Asamblea legislativa de vuestra
espléndida ciudad, situada a orillas del Neva. Acepto con gratitud la medalla
conmemorativa de vuestro tercer centenario, que me entregáis hoy.
En San Petersburgo, puerta que introduce en el gran país de la Federación Rusa,
todo habla del fecundo diálogo cultural, espiritual, artístico y humano entre el
occidente y el oriente de Europa. Ojalá que esta constructiva actitud de
apertura siga ejerciendo su influencia positiva en beneficio del entendimiento
mutuo entre personas de tradiciones humanas, religiosas y espirituales diversas.
A la vez que invoco sobre vosotros y sobre vuestros conciudadanos la abundancia
de las bendiciones de Dios, expreso mis mejores deseos de serena prosperidad y
de paz para la amada ciudad de San Petersburgo.
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