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MENSAJE DEL PAPA JUAN PABLO A LOS
PARTICIPANTES EN EL ENCUENTRO MARIANO DE CLAUSURA DEL MES DE MAYO
Venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio; amadísimos hermanos y
hermanas:
1. Deseo unirme espiritualmente a vosotros, que participáis en el tradicional
encuentro mariano que se celebra al concluir el mes de mayo en el Vaticano.
Dirijo mi cordial saludo a los señores cardenales y prelados, a los sacerdotes,
a los religiosos y religiosas, y a todos los presentes. Doy las gracias a los
que han colaborado en la realización de este sugestivo momento de oración.
2. El mes de mayo termina con la fiesta litúrgica de la Visitación, segundo
misterio gozoso, que infunde en los corazones un soplo siempre nuevo de
esperanza. El encuentro de María con Isabel está totalmente animado por el
Espíritu Santo, que llena de alegría a ambas madres y hace que salte de gozo el
profeta en el seno de Isabel. Este año celebramos la fiesta de la Visitación al
día siguiente de Pentecostés, y eso nos lleva a pensar en el viento del
Espíritu, que impulsa a María, y con ella a la Iglesia, por los caminos del
mundo, para llevar a todos a Cristo, esperanza de la humanidad.
3. También las llamitas de las velas que habéis llevado en las manos durante la
procesión simbolizan la esperanza que Cristo, muerto y resucitado, ha dado a la
humanidad. Amadísimos hermanos y hermanas, sed siempre portadores de esta luz.
Más aún, como recomienda el Señor a los discípulos, sed vosotros mismos esa luz
(cf. Mt 5, 14) en vuestra casa, en cualquier ambiente y en todas las
circunstancias de la vida. Sedlo con vuestro fiel testimonio evangélico,
siguiendo cada día el ejemplo de María, discípula perfecta de su Hijo divino.
Que ella os obtenga este don del Espíritu Santo, el Maestro interior. Lo pido
también yo para vosotros al Señor, a la vez que os renuevo mi afectuoso saludo y
os bendigo a todos de corazón.
Vaticano, 31 de mayo de 2004
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