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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II AL CONSEJO POSTSINODAL DE LA
ASAMBLEA ESPECIAL PARA AMÉRICA DEL SÍNODO DE LOS OBISPOS
Viernes 5 de noviembre de 2004
Venerables hermanos en el episcopado:
1. Con alegría os acojo y os doy la bienvenida, con ocasión de la novena reunión
del Consejo postsinodal de la Secretaría general del Sínodo de los obispos para
la Asamblea especial para América.
Vuestros encuentros, coordinados por el secretario general del Sínodo de los
obispos, al que agradezco las amables palabras que me ha dirigido, os permiten
verificar los esfuerzos realizados para poner en práctica las enseñanzas
contenidas en la exhortación apostólica postsinodal
Ecclesia in America.
Además, os permiten comprobar las metas alcanzadas y el progreso de las Iglesias
particulares en el continente americano, cuya existencia diaria se caracteriza
por múltiples y variadas situaciones políticas, sociales y económicas. Os doy
las gracias y os aliento a continuar en este servicio colegial al Sucesor de
Pedro en el gobierno pastoral de todo el pueblo de Dios.
Iniciativas pastorales
2. Precisamente a partir de la experiencia sinodal, los obispos han puesto en
marcha diversas iniciativas pastorales destinadas a incrementar la comunión de
cuantos viven en América, aplicando las orientaciones de la exhortación
apostólica postsinodal. Me limito a recordar aquí los "Congresos americanos
misioneros" (CAM), las "Reuniones de los obispos de la Iglesia en América" y la
celebración de Nuestra Señora de Guadalupe, Madre y Evangelizadora de América,
como fiesta litúrgica común a todo el continente.
Todavía queda mucho por hacer para consolidar la identidad cristiana del
continente. En efecto, si el catolicismo predomina en América Latina, en los
demás países es más consistente la presencia de otras confesiones cristianas.
Esta diversidad, si se vive en la caridad que hermana, impulsará el diálogo
ecuménico, sin que esto debilite en los católicos "la firme convicción de que
sólo en la Iglesia católica se encuentra la plenitud de los medios de salvación
establecidos por Jesucristo" (Ecclesia in America, 73).
3. Entre los desafíos del momento actual, además de la acción nefasta de las
sectas, deben citarse otras dificultades como, por ejemplo, las consecuencias
negativas de la globalización, especialmente cuando se atribuye valor absoluto a
la economía; la creciente urbanización, con el inevitable desarraigo cultural;
el comercio y el consumo de droga; las modernas ideologías que consideran
superado el concepto de familia fundada en el matrimonio; el aumento progresivo
de la brecha entre ricos y pobres; las violaciones de los derechos humanos; los
movimientos migratorios y el complejo problema de la deuda externa. Y ¿qué decir
de la cultura de muerte, que se expresa de múltiples formas, como la carrera de
armamentos y la execrable práctica de la violencia desencadenada por la
guerrilla y por el terrorismo internacional?
4. Queridos y venerados hermanos, estos son algunos de los urgentes desafíos
para la Iglesia en América. Gracias a Dios, el pueblo cristiano puede contar con
muchos recursos para continuar con renovada esperanza su misión. Ante todo,
puede contar con la fe, don que no sólo ha formado la identidad cristiana del
continente, sino que también se ha manifestado, a lo largo de su historia, en
los principios y en los ideales morales que han alimentado la cultura de sus
pueblos.
Otro gran don, que la gracia divina ha suscitado en América, es la religiosidad
popular, profundamente arraigada en sus diversas naciones. Esta característica
peculiar del pueblo americano, convenientemente orientada, purificada y
enriquecida con los elementos genuinos de la doctrina católica, podrá constituir
un instrumento útil para ayudar a los creyentes a afrontar de modo adecuado los
desafíos de la secularización.
Por último, la Iglesia en América ha sido enriquecida con el don de una peculiar
sensibilidad social, especialmente con respecto a los pobres, que se manifiesta
en una profunda solidaridad entre las personas y entre los pueblos. Recuerdo que
precisamente los padres sinodales de la Asamblea especial para América señalaron
la conveniencia de preparar un Catecismo de la doctrina social católica,
sugerencia que acogí en la exhortación apostólica postsinodal y que
recientemente ha sido realizada por el Consejo pontificio Justicia y paz, con la
publicación del Compendio de la doctrina social de la Iglesia.
5. Amadísimos hermanos, deseo pleno éxito a vuestros trabajos, sobre los cuales
invoco la protección de Nuestra Señora de Guadalupe, Madre de América. A ella le
pido que la Iglesia en aquel continente florezca y acreciente sus frutos de
santidad, de sincera conversión a Cristo, de firme comunión y de solidaridad.
Con estos sentimientos, os bendigo a vosotros, a vuestras comunidades y a todo
el continente, y ruego a Dios para que su unidad crezca cada vez más arraigada
en la fe cristiana.
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