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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LOS PARTICIPANTES EN LA ASAMBLEA PLENARIA
DE LA ACADEMIA PONTIFICIA DE CIENCIAS


Lunes 8 de noviembre de 2004

 

Señoras y señores;
queridos amigos: 


1. Me complace saludar a los distinguidos miembros de la Academia pontificia de ciencias. Agradezco a vuestro presidente, el profesor Nicola Cabbibo, las amables palabras de saludo y los buenos deseos que me ha transmitido en vuestro nombre.

Los encuentros de la Academia han sido siempre una ocasión de enriquecimiento mutuo y, en algunos casos, han dado como resultado estudios de gran interés para la Iglesia y para el mundo de la cultura. Estas iniciativas han contribuido a un diálogo más fecundo entre la Iglesia y la comunidad científica. Confío en que llevarán a una investigación cada vez más profunda de las verdades de ciencia y de las verdades de fe, que al final convergen en la única Verdad que los creyentes reconocen en toda su plenitud en el rostro de Jesucristo.
 
2. La asamblea plenaria de este año, dedicada a la ciencia y la creatividad, plantea importantes cuestiones profundamente relacionadas con la dimensión espiritual del hombre. A través de la cultura y la actividad creativa, los hombres pueden trascender la realidad material y "humanizar" el mundo que nos rodea. La revelación enseña que los hombres y las mujeres han sido creados a "imagen y semejanza de Dios" (cf. Gn 1, 26) y, por tanto, poseen una dignidad especial que les permite, mediante la obra de sus manos, reflejar la actividad creadora propia de Dios (cf. Laborem exercens, 4). En realidad, deben ser "co-creadores" con Dios, usando su conocimiento y  su  habilidad  para  plasmar un cosmos en el que el plan divino se dirige constantemente hacia su plenitud (cf. Gaudium et spes, 34). Esta creatividad humana tiene una expresión privilegiada en la búsqueda del saber y en la investigación científica. Como realidad espiritual, esta creatividad debe ejercerse de manera responsable; exige respetar el orden natural y, sobre todo, la naturaleza de cada ser humano, ya que el hombre es su sujeto y su fin.

La creatividad que inspira el progreso científico se expresa especialmente en la capacidad de afrontar y resolver cuestiones y problemas siempre nuevos, muchos de los cuales tienen repercusiones planetarias. Hombres y mujeres de ciencia afrontan el desafío de poner esta creatividad cada vez más al servicio de la familia humana, trabajando por mejorar la calidad de vida en nuestro planeta y promoviendo el desarrollo integral de la persona humana, tanto en lo material como en lo espiritual. Para que la creatividad científica contribuya al auténtico progreso humano, debe permanecer ajena a cualquier forma de condicionamiento económico o ideológico, para poder dedicarse exclusivamente a la búsqueda desapasionada de la verdad y al servicio desinteresado a la humanidad. La creatividad y los nuevos descubrimientos deberían unir tanto a la comunidad científica como a los pueblos del mundo en un clima de cooperación que permita compartir generosamente el saber superando la competitividad y los intereses individuales.

3. El tema de vuestro encuentro invita a una reflexión renovada sobre los "caminos del descubrimiento". En efecto, existe una profunda lógica interna en el proceso de descubrimiento. Los científicos se acercan a la naturaleza con la convicción de que afrontan una realidad que ellos no han creado, sino recibido, una realidad que se revela lentamente a su paciente investigación. Perciben, a menudo sólo implícitamente, que la naturaleza contiene un Logos que invita al diálogo.
El científico trata de plantear a la naturaleza las preguntas adecuadas, manteniendo al mismo tiempo ante ella una actitud de humilde receptividad e incluso de contemplación. Los nuevos descubrimientos no han disminuido de ningún modo el "asombro" que provocó la primera reflexión filosófica sobre la naturaleza y dio origen a la ciencia misma. En realidad, ese asombro aumenta constantemente y a menudo inspira un temor reverencial por la distancia que separa nuestro conocimiento de la creación de la plenitud de su misterio y de su grandeza.

Los científicos contemporáneos, ante la multitud de nuevos conocimientos y descubrimientos, perciben frecuentemente que se encuentran ante un horizonte vasto e infinito. En efecto, se puede afirmar que la inagotable prodigalidad de la naturaleza, con su promesa de descubrimientos siempre nuevos, señala, más allá de sí misma, al Creador, que nos la ha dado como un don cuyos secretos han de explorarse. Al intentar comprender este don y usarlo sabiamente y bien, la ciencia afronta constantemente una realidad que los seres humanos "encuentran". En cada fase del descubrimiento científico, la naturaleza se presenta como algo "dado". Por esta razón, la creatividad y el progreso por las sendas del descubrimiento, como todos los demás  esfuerzos humanos, han de verse en último término sobre el trasfondo del misterio de la creación misma (cf. Laborem exercens, 12).

4. Queridos miembros de la Academia, una vez más durante este año os expreso mis mejores deseos para vuestro trabajo con vistas al progreso del saber y en beneficio de la familia humana. Ojalá que estos días de reflexión y debate sean una fuente de enriquecimiento espiritual para todos vosotros. A pesar de las incertidumbres y del esfuerzo que supone todo intento de interpretar la realidad, no sólo en las ciencias, sino también en la filosofía y la teología, las sendas del descubrimiento son siempre caminos que llevan a la verdad. Cualquiera que busque la verdad, consciente o inconscientemente, recorre un camino que, en último término, conduce a Dios, que es la Verdad misma (cf. Fides et ratio, 16 y 28). Que vuestro paciente y humilde diálogo con el mundo de la naturaleza fructifique en descubrimientos siempre nuevos y en un aprecio reverente de sus indecibles maravillas. Sobre vosotros y sobre vuestras familias invoco de corazón las bendiciones de Dios de sabiduría, alegría y paz.

 

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