DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LOS JEFES RELIGIOSOS DE
AZERBAIYÁN
Jueves 18 de noviembre de 2004
Amados y venerados hermanos:
1. Con afecto os acojo y dirijo a todos mi saludo de paz.
Le doy la bienvenida, jefe de la Presidencia de los musulmanes del Cáucaso, que
con constante abnegación se esfuerza por construir la paz en una región donde,
por desgracia, continúan los conflictos violentos.
Le doy la bienvenida, obispo Aleksandr de Bakú y de la región del Caspio,
perteneciente a la Iglesia ortodoxa rusa, con la cual me unen vínculos de estima
y afecto.
Le doy la bienvenida, jefe de la comunidad de los judíos de la Montaña, antigua
comunidad que, en un contexto de gran mayoría islámica, da un ejemplo de
coexistencia y colaboración fraterna.
2. Vuestra visita me trae a la memoria la que Dios me concedió realizar a
Azerbaiyán en el año 2002. Recuerdo el afecto con que me acogieron, la
cordialidad del presidente Heydar Aliev, el sano orgullo con que me habló de la
tolerancia religiosa, que constituye el fundamento de la vida de vuestro país.
Cuando me llegó la noticia de su muerte, encomendé su alma a Dios en la oración.
Así mismo, ruego por el nuevo presidente, Ilham Aliev, y por todo el pueblo
azerí, al que deseo días de paz y prosperidad.
Deseo de corazón que vuelva plenamente la paz a Azerbaiyán, con la resolución de
la cuestión del Nagorno-Karabaj. Esta, como otras divergencias, se deben
afrontar con buena voluntad, con disposiciones de apertura y comprensión mutua,
y con espíritu de verdadera reconciliación.
3. Gracias, queridos amigos, por vuestra visita. Al volver a casa, llevad a
todos el abrazo del Papa y de la Iglesia católica. Dios os ayude a construir una
coexistencia cada vez más benéfica entre vosotros y la comunidad católica de
Azerbaiyán. A ella y a su Ordinario, el querido padre Jan Capla, les envío mi
afectuoso saludo, pidiendo al Señor que les ayude a proseguir la misión
evangélica en el Cáucaso.
4. Ojalá que vuestra visita al Papa de Roma sea un símbolo para el mundo, es
decir, que muestre que la tolerancia es posible y constituye un valor de la
civilización, que sienta las bases para un desarrollo humano, civil y social más
amplio y solidario.
Nadie tiene derecho a presentar o utilizar las religiones como instrumento de
intolerancia, como medio de agresión, de violencia y de muerte. Al contrario, su
amistad y estima recíproca, si está sostenida también por el compromiso de los
gobernantes en favor de la tolerancia, constituye un importante recurso de
progreso auténtico y de paz.
5. Musulmanes, judíos y cristianos queremos dirigir juntos, en nombre de Dios y
de la civilización, un llamamiento a la humanidad para que cese la violencia
homicida y se recorra el camino del amor y de la justicia para todos. Este es el
camino de las religiones. Que Dios nos ayude a recorrer este camino con
perseverancia y paciencia.