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ALOCUCIÓN DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II A LAS
HERMANAS DE NUESTRA SEÑORA
Lunes 11 de octubre de 2004
Queridas hermanas:
Saludo con afecto en el Señor a todas las participantes en el undécimo capítulo
general de la congregación de Hermanas de Nuestra Señora, y ruego para que
durante estos días de deliberaciones el Espíritu Santo os conceda la alegría de
trabajar juntas en una verdadera comunión de corazón y de mente y os bendiga con
abundancia de gracia y sabiduría.
La fundadora de vuestra congregación, madre María Aloysia, formada en la rica
tradición de vuestra madre espiritual, santa Julie Billiart, dio vida a un nuevo
instituto religioso totalmente inspirado y sostenido por el amor providente de
Dios. Después de algún tiempo de generoso servicio a su prójimo, ella llegó a
comprender que el amor compasivo de Dios a sus hijos podría brillar cada vez con
más claridad en una vida totalmente consagrada al Señor. Vio desde el comienzo
que tanto la santidad personal como la misión son aspectos inseparables del
compromiso radical en el seguimiento de Cristo.
La celebración de vuestro capítulo y, especialmente, la tarea de revisar
vuestras Constituciones, os ofrece una oportunidad para examinar y renovar
vuestra fidelidad a la visión y al carisma particular de vuestra fundadora,
expresado en vuestra espiritualidad y en vuestras tradiciones vivas. Este
examen, emprendido en la oración y en la apertura al Espíritu Santo, os ayudará
a determinar los aspectos de vuestro instituto que conviene fortalecer para dar
un testimonio cada vez más claro del amor inagotable de Dios. Por tanto, os
animo a seguir abrazando gozosamente vuestra llamada a la santidad en la
perfección de la caridad y a cuidar, de acuerdo con vuestras tradiciones, el
ascetismo propio de las personas consagradas, "necesario para dilatar el corazón
y abrirlo a la acogida del Señor y de los hermanos" (Vita consecrata,
38). Anunciad con eficacia la buena nueva siendo plenamente lo que sois, y
llevando esta realidad a todos los pueblos.
Queridas hermanas, el capítulo general es una invitación a captar de nuevo el
dinamismo inicial del espíritu de vuestra fundadora y a remar "mar adentro" (Lc
5, 4). María, nuestra Madre, modelo de vida consagrada, os inspire y
sostenga. Asegurándoos un recuerdo continuo en mis oraciones, imparto
cordialmente mi bendición apostólica a todos los miembros de la Congregación de
Hermanas de Nuestra Señora.
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