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ALOCUCIÓN DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
 A LA ASAMBLEA GENERAL
DE LA SOCIEDAD DEL APOSTOLADO CATÓLICO


Jueves 14 de octubre de 2004

 

Amadísimos hermanos: 

1. Con gran alegría os acojo, con ocasión del capítulo general de la Sociedad del Apostolado Católico, nacida del gran amor de san Vicente Pallotti. Dirijo a cada uno mi cordial saludo. En particular, saludo al nuevo rector general, padre Fritz Kretz, al que agradezco las amables palabras con las que ha querido ilustrarme las perspectivas futuras de vuestra familia religiosa. Mi saludo se extiende al nuevo gobierno general y a todos los hermanos que trabajan generosamente en diversas partes del mundo.

2. Durante la asamblea general habéis reflexionado sobre algunos desafíos religiosos que el Instituto debe afrontar en este momento histórico. En particular, habéis destacado mejor el servicio que vuestra sociedad está llamada a prestar en el ámbito de la Unión del Apostolado Católico. Vosotros, sacerdotes y hermanos religiosos palotinos, sois como el tronco del gran árbol que, mediante la participación de los laicos en la intuición carismática originaria, extiende sus ramas en los diversos ambientes sociales, para animarlos con auténtico espíritu evangélico.

Para cumplir esta misión es necesario mantenerse firmemente anclados en Cristo, a quien san Vicente Pallotti amó y sirvió con heroica fidelidad. Sólo de esta manera vuestras comunidades serán "células vivas de inspiración y actividad palotina".

3. Esta fidelidad al espíritu de los orígenes exige de vosotros una constante formación y un anhelo misionero compartido. Sólo personas totalmente dedicadas a la búsqueda de un "alto grado" de la vida cristiana pueden realizar opciones pastorales de gran eficacia apostólica. Que, como fundamento de todo, haya una intensa oración y una asidua vida sacramental, centrada en la Eucaristía. Espiritualidad y apostolado, formación y misión son dos aspectos de la única perfección evangélica, que se transparenta de modo ejemplar en la existencia de san Vicente Pallotti.

Queridos hermanos, encomendándoos a la intercesión celestial de vuestro fundador y a la protección materna de María, Reina de los Apóstoles, os imparto de corazón a vosotros y a toda la familia palotina una especial bendición apostólica.

 

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