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ALOCUCIÓN DEL SANTO PADRE
JUAN PABLO II A LA CONFERENCIA MUNDIAL DE LAS MUJERES
PARLAMENTARIAS
Lunes 18 de octubre de 2004
1. Me alegra daros una cordial bienvenida a todos vosotros, amables señoras e
ilustres señores, a quienes saludo con viva cordialidad. A través de vosotros
quisiera enviar mi saludo a las numerosas naciones del mundo que forman parte de
la Unión interparlamentaria. Dirijo un saludo especial al presidente de la
Cámara de diputados de Italia y a la parlamentaria letona, que han interpretado
los sentimientos comunes.
2. Nuestro encuentro de hoy se sitúa en el contexto de la Conferencia mundial
de las mujeres parlamentarias para la protección de la infancia y la
adolescencia, organizada por la presidencia del Parlamento italiano. El tema
de los trabajos, que concluyen hoy, concierne a las condiciones de malestar en
que se encuentran muchos niños y adolescentes en varias partes del mundo. Por lo
demás, vuestro objetivo consiste en buscar juntos formas eficaces de protección
de los menores por parte de las instituciones. Al respecto, expreso todo mi
aprecio por este laudable compromiso en favor de los sectores más jóvenes de la
población, y os aliento a proseguir por este camino, conscientes de que los
niños y los adolescentes constituyen el futuro y la esperanza de la humanidad.
Son el tesoro más valioso de la familia humana, pero, al mismo tiempo, el más
frágil y vulnerable. Por tanto, es preciso prestarles una atención constante,
escuchando todas sus exigencias y aspiraciones legítimas. De manera especial,
nadie puede callar o permanecer indiferente cuando niños inocentes sufren, son
marginados y heridos en su dignidad de personas humanas.
3. El inmenso grito de dolor de la infancia abandonada y violada en muchas
regiones de la tierra debe impulsar a las instituciones públicas, a las
asociaciones privadas y a todos los hombres de buena voluntad a tomar renovada
conciencia del deber que todos tenemos de proteger, defender y educar con
respeto y amor a estas frágiles criaturas.
Para ser eficaz, toda acción de protección de la infancia y de la adolescencia
no puede por menos de inspirarse en la debida consideración de sus derechos
fundamentales, bien expresada en la conocida máxima de Juvenal: "Maxima
debetur puero reverentia" (cf. Sátiras, XIV, 47). En el Evangelio,
además, Jesús señala a los niños como nuestros "modelos" de vida y condena con
firmeza a los que no los respetan.
4. Amables señoras e ilustres señores, deseo pleno éxito a las jornadas de
estudio de vuestra Conferencia y espero que, gracias a la contribución de todos,
se haga realidad el sueño de construir un futuro mejor para las nuevas
generaciones. Que por intercesión de María, Madre de la esperanza, Dios conceda
a la humanidad ver realizada pronto esta profecía de paz.
Acompaño este deseo con la seguridad de mi oración, a la vez que de corazón os
bendigo a todos.
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