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DISCURSO DEL PAPA JUAN PABLO II
 AL CONSEJO PONTIFICIO JUSTICIA Y PAZ


Viernes 29 de octubre de 2004

 

Señor cardenal;
venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio;
amadísimos hermanos y hermanas:
 

1. Me alegra acogeros en esta audiencia especial. Saludo ante todo a los miembros del Consejo pontificio Justicia y paz, que durante estos días ha celebrado su asamblea plenaria, encaminada a identificar los modos mejores para la nueva evangelización del ámbito social, tan necesaria y urgente.

Dirijo un saludo afectuoso a los participantes en el primer Congreso mundial de organismos eclesiales que trabajan por la justicia y la paz. Aprovechando el rico tesoro de la doctrina social de la Iglesia, vosotros, queridos hermanos, habéis reflexionado sobre las formas más adecuadas de anunciar el Evangelio en la compleja realidad de nuestro tiempo.

Saludo, de modo especial, al cardenal Renato Raffaele Martino y le agradezco los buenos deseos que me ha expresado en nombre de todos.

2. Acaba de publicarse el Compendio de la doctrina social de la Iglesia, un instrumento que puede ayudar a los cristianos en su compromiso diario de hacer más justo el mundo, desde la perspectiva evangélica de un verdadero humanismo solidario. La doctrina social "forma parte esencial del mensaje cristiano" (Centesimus annus, 5) y es preciso conocerla cada vez mejor, difundirla en su integridad y testimoniarla con una constante y coherente actividad pastoral.

En particular, en un tiempo como el nuestro, caracterizado por la globalización de la cuestión social, la Iglesia invita a todos a reconocer y afirmar el carácter central de la persona humana en todos los ámbitos y manifestaciones de la sociedad.

3. Amadísimos hermanos y hermanas, la doctrina social de la Iglesia os impulsa sobre todo a vosotros, cristianos laicos, a vivir en la sociedad como un "testimonio de Cristo Salvador" (ib.) y os abre a los horizontes de la caridad. En efecto, esta es la hora de la caridad, también de la caridad social y política, capaz de animar, con la gracia del Evangelio, las realidades humanas del trabajo, de la economía y de la política, trazando los caminos de la paz, de la justicia y de la amistad entre los pueblos.

Esta es la hora de una renovada primavera de santidad social, de santos que manifiesten al mundo y en el mundo la perenne e inagotable fecundidad del Evangelio.

Amadísimos fieles laicos, trabajad siempre por la justicia y la paz. Os acompañe y os proteja María, la fiel discípula de Cristo. Asegurándoos mi oración, os bendigo a todos de corazón.

 

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