Queridos jóvenes amigos:
1. Os acojo con gusto y os saludo con gran afecto. Os agradezco de corazón
vuestra presencia y este importante signo de comunión. En particular, doy las
gracias a la muchacha que ha hablado en nombre de todos.
La "Carta de los jóvenes cristianos de Europa" que habéis venido a entregarme es
fruto de la reciente peregrinación juvenil europea a la tumba del apóstol
Santiago, en Santiago de Compostela, un significativo punto de convergencia,
gracias al cual los pueblos del continente, a lo largo de los siglos, han
aprendido a conocerse y aceptarse recíprocamente, contribuyendo así a la
formación de Europa.
2. Ser testigos de Cristo para construir una Europa de la esperanza. Este
es el mensaje que os urge comunicar a vuestros coetáneos y a toda la comunidad
europea de hoy. En el corazón lleváis el sueño de una Europa orgullosa de su
rico patrimonio cultural y religioso y, al mismo tiempo, atenta a los valores
del hombre y de la vida, de la solidaridad y la acogida, de la justicia y la
paz.
Vosotros no os avergonzáis del Evangelio, y sois conscientes de que la
civilización del amor no se construye separando Evangelio y cultura, sino
buscando entre ellos síntesis siempre nuevas.
Queréis recorrer este camino para dar vida a un continente rico sobre todo en
valores, con buena memoria, para no olvidar los errores del pasado y, más
aún, para fortalecer sus raíces espirituales.
3. Para cumplir vuestra misión, se necesitan fidelidad a Cristo y a su Iglesia,
coherencia y valentía hasta el heroísmo de la santidad. Es el itinerario que
recorrieron los santos y las santas de Europa durante los siglos pasados. Ojalá
que su testimonio sea estímulo para cada uno de vosotros, amadísimos jóvenes que
me seguís a través de la radio y la televisión.
Vele sobre vosotros la Virgen María, que en la humilde casa de Loreto ha
acogido, a lo largo de los siglos, a innumerables peregrinos de todas partes de
Europa.
El Papa se une a vuestra oración; y, a la vez que os alienta a dar con franqueza
vuestro testimonio de Cristo, os bendice a todos de corazón.
Carta
de los jóvenes cristianos de Europa
"Europa, vuelve a encontrarte a ti misma. Sé tú misma"
(Juan Pablo II, Santiago
de Compostela, 1982).
"Jóvenes, construid con valentía la Europa de la esperanza, fiel a sus propias
raíces, tierra de acogida, solidaridad y paz para todos"
(Juan Pablo II,
explanada de Montorso, Loreto 1995).
Nuestro camino
Hemos venido como peregrinos a Santiago de Compostela desde diversos países de
Europa. Hemos reflexionado juntos sobre nuestro compromiso de ser testigos de
Cristo para una Europa de la esperanza. Lo hemos hecho en un lugar que está
en las raíces de la identidad europea: junto a la tumba del apóstol Santiago
los pueblos se han encontrado y han aprendido a conocerse y a convivir.
Inmediatamente después de la segunda guerra mundial, en 1948, miles de jóvenes
de toda Europa se reunieron aquí para soñar juntos en un futuro de paz, unidos
por la misma fe. Muchos de sus sueños se han hecho realidad, otros están aún por
realizar. Queremos recoger esta herencia, para dar un alma cristiana al proceso
de integración europea. Por eso, estamos convencidos de que se debe dar crédito
a los jóvenes y permitirles que sean protagonistas del desarrollo del
continente, abriéndoles espacios de responsabilidad en la vida política, social,
económica y eclesial.
Queremos una Europa acogedora, solidaria, que sea respetuosa, comprensiva y
capaz de integración, que trabaje por la paz y la libertad, y sea consciente de
su pasado. Pensamos en una Europa fundada en los valores de la generosidad y la
entrega, la interioridad y la búsqueda sincera de la verdad.
Creemos en el carácter central de la dignidad de la persona, pedimos que se
respete el derecho a la vida, pensamos que el desarrollo de cada persona debe
realizarse en el seno de una auténtica familia. Consideramos que esos valores
han de ser protegidos de la amenaza del individualismo, del consumismo, del
relativismo ético, de la superficialidad...
Los pasos que se deben dar
La Europa del mañana deberá afrontar numerosos desafíos. Como jóvenes
cristianos, nos sentimos interpelados en particular por algunos de ellos.
Movilidad y diálogo intercultural
Vivimos en un mundo cada vez más pequeño, en el que nos desplazamos velozmente,
intercambiándonos cultura y formación con lenguajes nuevos y originales. Muchos
jóvenes se desplazan por motivos de estudio o trabajo; otros, por turismo; otros
porque buscan una "tierra prometida". Queremos que eso no sea ocasión de
desorientación o conflicto, sino que les dé la posibilidad de volverse a
encontrar a sí mismos en la confrontación con los demás.
Creemos que es necesario construir una cultura "europea", para poder colaborar
entre las naciones del continente y dialogar con las culturas del este y del sur
del mundo.
Nos comprometemos a acoger a toda persona, a valorar las ocasiones de contacto
entre los pueblos que ya tenemos, y a crear nuevas redes de relaciones que
ayuden a superar las barreras culturales, desarrollando la comprensión mutua a
través de los lenguajes del arte, la música, el deporte, la religión...
Educación, formación y ocupación
Existen experiencias consolidadas y positivas de intercambio entre estudiantes,
que permiten vislumbrar un futuro sistema de formación continental. Reconocemos
también la tendencia a una mayor movilidad de los jóvenes trabajadores a escala
europea. Deseamos un mercado común de ideas libres y accesibles, en un sistema
educativo escolar capaz de ayudar a la persona a crecer integralmente, en las
dimensiones humana, cultural, social y espiritual, y capaz de acompañar a los
jóvenes en las nuevas modalidades de acceso al trabajo.
Nos comprometemos a promover una cultura de los valores humanos y cristianos, a
aumentar la conciencia europea en los ambientes formativos, y a ser educadores
para las futuras generaciones.
Familia
En la experiencia de muchos jóvenes, la familia desempeña un papel fundamental
como núcleo de estabilidad y escuela de valores para el crecimiento de la
persona. En cambio, otros viven -a menudo con sufrimiento- la inestabilidad de
los vínculos afectivos. Deseamos una Europa en la que los hijos puedan crecer en
un ambiente sereno, seguro y promovido por adecuadas políticas familiares,
particularmente atentas a las parejas de matrimonios jóvenes.
Como ciudadanos, nos comprometemos a defender a la familia fundada en el
matrimonio; como hijos, nos comprometemos a vivirla como lugar de convivencia
respetuosa entre las generaciones; como jóvenes, nos comprometemos a educarnos
para la entrega mutua y para construir vínculos fundados en la responsabilidad
con respecto a los demás y a la comunidad en que vivimos.
Ciudadanía y participación
La Unión europea ha sido fruto de un fecundo trabajo político, que ha permitido
la armonización de sistemas jurídico-económicos entre países muy diversos.
Deseamos que se promueva cada vez más la participación efectiva de todos los
ciudadanos europeos y, en particular, de los jóvenes.
Nos comprometemos a superar un planteamiento individualista en lo que atañe a
los derechos del hombre, a reconocer, desarrollar y valorar la presencia de las
personas dentro de las realidades intermedias de participación social (familias,
asociaciones, comunidades religiosas, organizaciones...), que son lugares en los
que la democracia se experimenta y madura.
Paz y desarrollo
La voluntad de paz, que ha hecho surgir la Unión europea, sigue siendo su
vocación. Los jóvenes europeos sabemos que nuestras opciones influyen en el
presente y en el futuro del resto de los habitantes del mundo. Queremos que la
persona y su dignidad estén siempre en el centro de los procesos de desarrollo
social, económico, cultural y ambiental, en una Europa que promueva la paz y la
justicia en el escenario mundial.
Nos comprometemos a asumir estilos de vida sostenibles, y a aprender a gestionar
sin violencia los conflictos. Nos comprometemos a valorar las experiencias de
voluntariado y cooperación internacional que pueden contribuir a la formación de
los nuevos ciudadanos europeos.
Información
Los jóvenes europeos contamos cada vez con más posibilidades y con numerosos
instrumentos de acceso a la información. Sin embargo, existen algunos problemas,
desde la falta de una información europea, hasta la escasa tutela de la libertad
y de la verdad, en nombre de intereses económicos, políticos o nacionalistas.
Deseamos una información transparente en los medios de comunicación social y en
las relaciones entre instituciones públicas y ciudadanos, que nos ayude a
sentirnos europeos.
Nos comprometemos a educarnos en el uso de los medios de comunicación, a crear
los espacios necesarios para el análisis crítico de las informaciones que
recibimos y favorecer el acceso a todo lo que permita un mayor conocimiento de
la realidad de los demás países del continente.
Los compañeros de viaje
Ante la grandeza de estas perspectivas, sentimos la necesidad de solicitar la
compañía de nuestros coetáneos y de las personas de buena voluntad, a las que
hacemos una propuesta.
A los demás jóvenes cristianos
¡Sentíos felices de ser cristianos! Como el apóstol Santiago, sed testigos de
Cristo con obras y palabras, viviendo con alegría en la Iglesia, y ayudándole a
caminar al paso de los tiempos.
Preparaos seriamente, con la oración, el estudio y el compromiso personal a ser
una presencia significativa en el barrio, en la parroquia, en las asociaciones,
en el mundo del trabajo... Sin miedos ni complejos, sed "jóvenes en la Iglesia,
cristianos en el mundo".
A todos los demás jóvenes
Juntos, sin prejuicios, podemos realizar una "revolución pacífica" para
construir una Europa más democrática, más justa y que sea expresión de la
sociedad civil.
Os proponemos poner a la persona en el centro de todos vuestros proyectos,
apostando y creyendo en su pleno desarrollo.
Os ofrecemos a Cristo como referencia y modelo de vida, capaz de dar sentido a
la existencia y saciar la sed de felicidad.
A los adultos
¡No tengáis miedo de ser adultos! Necesitamos personas que nos acompañen y sean
modelos de vida.
Queremos entablar un diálogo para compartir experiencias y deseos, para
colaborar juntos, conscientes de que seremos nosotros quienes llevaremos
adelante la construcción de Europa.
Os pedimos que confiéis en los jóvenes y nos sostengáis, dejándoos estimular por
nuestra juventud.
Sabemos que los demás continentes miran a Europa y a sus jóvenes, esperando una
respuesta valiente a los desafíos que plantea el tercer milenio a la humanidad.
Sentimos que, con la ayuda de Dios, lograremos construir la Europa de la
esperanza, respondiendo a la llamada de Cristo con el mismo entusiasmo del
apóstol Santiago: "¡Podemos!".
Monte del Gozo, 7 de agosto de 2004