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ENTREGA AL SANTO PADRE DE LA
LA "CARTA DE LOS J
ÓVENES CRISTIANOS DE EUROPA"

Jueves 2 de septiembre de 2004 

 

 

DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II

 

Queridos jóvenes amigos: 

1. Os acojo con gusto y os saludo con gran afecto. Os agradezco de corazón vuestra presencia y este importante signo de comunión. En particular, doy las gracias a la muchacha que ha hablado en nombre de todos.

La "Carta de los jóvenes cristianos de Europa" que habéis venido a entregarme es fruto de la reciente peregrinación juvenil europea a la tumba del apóstol Santiago, en Santiago de Compostela, un significativo punto de convergencia, gracias al cual los pueblos del continente, a lo largo de los siglos, han aprendido a conocerse y aceptarse recíprocamente, contribuyendo así a la formación de Europa.

2. Ser testigos de Cristo para construir una Europa de la esperanza. Este es el mensaje que os urge comunicar a vuestros coetáneos y a toda la comunidad europea de hoy. En el corazón lleváis el sueño de una Europa orgullosa de su rico patrimonio cultural y religioso y, al mismo tiempo, atenta a los valores del hombre y de la vida, de la solidaridad y la acogida, de la justicia y la paz.

Vosotros no os avergonzáis del Evangelio, y sois conscientes de que la civilización del amor no se construye separando Evangelio y cultura, sino buscando entre ellos síntesis siempre nuevas.
 
Queréis recorrer este camino para dar vida a un continente rico sobre todo en valores, con buena memoria, para no olvidar los errores del pasado y, más aún, para fortalecer sus raíces espirituales.
 
3. Para cumplir vuestra misión, se necesitan fidelidad a Cristo y a su Iglesia, coherencia y valentía hasta el heroísmo de la santidad. Es el itinerario que recorrieron los santos y las santas de Europa durante los siglos pasados. Ojalá que su testimonio sea estímulo para cada uno de vosotros, amadísimos jóvenes que me seguís a través de la radio y la televisión.

Vele sobre vosotros la Virgen María, que en la humilde casa de Loreto ha acogido, a lo largo de los siglos, a innumerables peregrinos de todas partes de Europa.

El Papa se une a vuestra oración; y, a la vez que os alienta a dar con franqueza vuestro testimonio de Cristo, os bendice a todos de corazón.


Carta de los jóvenes cristianos de Europa

"Europa, vuelve a encontrarte a ti misma. Sé tú misma"
(Juan Pablo II, Santiago de Compostela, 1982).

"Jóvenes, construid con valentía la Europa de la esperanza, fiel a sus propias raíces, tierra de acogida, solidaridad y paz para todos"
(Juan Pablo II, explanada de Montorso, Loreto 1995).

Nuestro camino

Hemos venido como peregrinos a Santiago de Compostela desde diversos países de Europa. Hemos reflexionado juntos sobre nuestro compromiso de ser testigos de Cristo para una Europa de la esperanza. Lo hemos hecho en un lugar que está en las raíces de la identidad europea:  junto a la tumba del apóstol Santiago los pueblos se han encontrado y han aprendido a conocerse y a convivir.

Inmediatamente después de la segunda guerra mundial, en 1948, miles de jóvenes de toda Europa se reunieron aquí para soñar juntos en un futuro de paz, unidos por la misma fe. Muchos de sus sueños se han hecho realidad, otros están aún por realizar. Queremos recoger esta herencia, para dar un alma cristiana al proceso de integración europea. Por eso, estamos convencidos de que se debe dar crédito a los jóvenes y permitirles que sean protagonistas del desarrollo del continente, abriéndoles espacios de responsabilidad en la vida política, social, económica y eclesial.

Queremos una Europa acogedora, solidaria, que sea respetuosa, comprensiva y capaz de integración, que trabaje por la paz y la libertad, y sea consciente de su pasado. Pensamos en una Europa fundada en los valores de la generosidad y la entrega, la interioridad y la búsqueda sincera de la verdad.

Creemos en el carácter central de la dignidad de la persona, pedimos que se respete el derecho a la vida, pensamos que el desarrollo de cada persona debe realizarse en el seno de una auténtica familia. Consideramos que esos valores han de ser protegidos de la amenaza del individualismo, del consumismo, del relativismo ético, de la superficialidad...

Los pasos que se deben dar

La Europa del mañana deberá afrontar numerosos desafíos. Como jóvenes cristianos, nos sentimos interpelados en particular por algunos de ellos.

Movilidad y diálogo intercultural


Vivimos en un mundo cada vez más pequeño, en el que nos desplazamos velozmente, intercambiándonos cultura y formación con lenguajes nuevos y originales. Muchos jóvenes se desplazan por motivos de estudio o trabajo; otros, por turismo; otros porque buscan una "tierra prometida". Queremos que eso no sea ocasión de desorientación o conflicto, sino que les dé la posibilidad de volverse a encontrar a sí mismos en la confrontación con los demás.

Creemos que es necesario construir una cultura "europea", para poder colaborar entre las naciones del continente y dialogar con las culturas del este y del sur del mundo.

Nos comprometemos a acoger a toda persona, a valorar las ocasiones de contacto entre los pueblos que ya tenemos, y a crear nuevas redes de relaciones que ayuden a superar las barreras culturales, desarrollando la comprensión mutua a través de los lenguajes del arte, la música, el deporte, la religión...

Educación, formación y ocupación

Existen experiencias consolidadas y positivas de intercambio entre estudiantes, que permiten vislumbrar un futuro sistema de formación continental. Reconocemos también la tendencia a una mayor movilidad de los jóvenes trabajadores a escala europea. Deseamos un mercado común de ideas libres y accesibles, en un sistema educativo escolar capaz de ayudar a la persona a crecer integralmente, en las dimensiones humana, cultural, social y espiritual, y capaz de acompañar a los jóvenes en las nuevas modalidades de acceso al trabajo.

Nos comprometemos a promover una cultura de los valores humanos y cristianos, a aumentar la conciencia europea en los ambientes formativos, y a ser educadores para las futuras generaciones.
Familia

En la experiencia de muchos jóvenes, la familia desempeña un papel fundamental como núcleo de estabilidad y escuela de valores para el crecimiento de la persona. En cambio, otros viven -a menudo con sufrimiento- la inestabilidad de los vínculos afectivos. Deseamos una Europa en la que los hijos puedan crecer en un ambiente sereno, seguro y  promovido  por  adecuadas políticas familiares, particularmente atentas a las parejas de matrimonios jóvenes.

Como ciudadanos, nos comprometemos a defender a la familia fundada en el matrimonio; como hijos, nos comprometemos a vivirla como lugar de convivencia respetuosa entre las generaciones; como jóvenes, nos comprometemos a educarnos para la entrega mutua y para construir vínculos fundados en la responsabilidad con respecto a los demás y a la comunidad en que vivimos.

Ciudadanía y participación

La Unión europea ha sido fruto de un fecundo trabajo político, que ha permitido la armonización de sistemas jurídico-económicos entre países muy diversos. Deseamos que se promueva cada vez más la participación efectiva de todos los ciudadanos europeos y, en particular, de los jóvenes.
Nos comprometemos a superar un planteamiento individualista en lo que atañe a los derechos del hombre, a reconocer, desarrollar y valorar la presencia de las personas dentro de las realidades intermedias de participación social (familias, asociaciones, comunidades religiosas, organizaciones...), que son lugares en los que la democracia se experimenta y madura.

Paz y desarrollo

La voluntad de paz, que ha hecho surgir la Unión europea, sigue siendo su vocación. Los jóvenes europeos sabemos que nuestras opciones influyen en el presente y en el futuro del resto de los habitantes del mundo. Queremos que la persona y su dignidad estén siempre en el centro de los procesos de desarrollo social, económico, cultural y ambiental, en una Europa que promueva la paz y la justicia en el escenario mundial.

Nos comprometemos a asumir estilos de vida sostenibles, y a aprender a gestionar sin violencia los conflictos. Nos comprometemos a valorar las experiencias de voluntariado y cooperación internacional que pueden contribuir a la formación de los nuevos ciudadanos europeos.
Información

Los jóvenes europeos contamos cada vez con más posibilidades y con numerosos instrumentos de acceso a la información. Sin embargo, existen algunos problemas, desde la falta de una información europea, hasta la escasa tutela de la libertad y de la verdad, en nombre de intereses económicos, políticos o nacionalistas. Deseamos una información transparente en los medios de comunicación social y en las relaciones entre instituciones públicas y ciudadanos, que nos ayude a sentirnos europeos.

Nos comprometemos a educarnos en el uso de los medios de comunicación, a crear los espacios necesarios para el análisis crítico de las informaciones que recibimos y favorecer el acceso a todo lo que permita un mayor conocimiento de la realidad de los demás países del continente.

Los compañeros de viaje

Ante la grandeza de estas perspectivas, sentimos la necesidad de solicitar la compañía de nuestros coetáneos y de las personas de buena voluntad, a las que hacemos una propuesta.

A los demás jóvenes cristianos

¡Sentíos felices de ser cristianos! Como el apóstol Santiago, sed testigos de Cristo con obras y palabras, viviendo con alegría en la Iglesia, y ayudándole a caminar al paso de los tiempos.
Preparaos seriamente, con la oración, el estudio y el compromiso personal a ser una presencia significativa en el barrio, en la parroquia, en las asociaciones, en el mundo del trabajo... Sin miedos ni complejos, sed "jóvenes en la Iglesia, cristianos en el mundo".

A todos los demás jóvenes

Juntos, sin prejuicios, podemos realizar una "revolución pacífica" para construir una Europa más democrática, más justa y que sea expresión de la sociedad civil.

Os proponemos poner a la persona en el centro de todos vuestros proyectos, apostando y creyendo en su pleno desarrollo.

Os ofrecemos a Cristo como referencia y modelo de vida, capaz de dar sentido a la existencia y saciar la sed de felicidad.

A los adultos

¡No tengáis miedo de ser adultos! Necesitamos personas que nos acompañen y sean modelos de vida.

Queremos entablar un diálogo para compartir experiencias y deseos, para colaborar juntos, conscientes de que seremos nosotros quienes llevaremos adelante la construcción de Europa.

Os pedimos que confiéis en los jóvenes y nos sostengáis, dejándoos estimular por nuestra juventud.
 
Sabemos que los demás continentes miran a Europa y a sus jóvenes, esperando una respuesta valiente a los desafíos que plantea el tercer milenio a la humanidad. Sentimos que, con la ayuda de Dios, lograremos construir la Europa de la esperanza, respondiendo a la llamada de Cristo con el mismo entusiasmo del apóstol Santiago:  "¡Podemos!".

Monte del Gozo, 7 de agosto de 2004

 

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