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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II A LOS PARTICIPANTES EN EL II
SÍNODO INTEREPARQUIAL DE LAS CIRCUNSCRIPCIONES BIZANTINAS EN ITALIA
Martes 11 de enero de 2004
Beatitud; venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio; amadísimos
hermanos y hermanas:
1. Os acojo con alegría y os saludo cordialmente. Saludo, en primer lugar, al
prefecto de la Congregación para las Iglesias orientales y le agradezco las
amables palabras que me ha dirigido en nombre de todos los presentes. Extiendo
mi saludo a las comunidades que representáis aquí, y a quienes participan en
vuestro Sínodo, que tiene como tema: "Comunión y anuncio del Evangelio".
Se trata de un tema muy actual para vuestras dos eparquías y para el monasterio
exarcal de Grottaferrata. Vuestras realidades eclesiales, herederas de un
patrimonio espiritual común, están llamadas a testimoniar la unidad de la
misma fe en contextos sociales diferentes. En el ámbito pastoral, colaboran
con las comunidades de tradición latina y consolidan cada vez más su identidad,
aprovechando el tesoro de su milenaria tradición bizantina.
2. Para favorecer todo esto, vuestro Sínodo ha puesto de relieve temas
esenciales como la catequesis y la mistagogia, con vistas a un
adecuado crecimiento espiritual de todo el pueblo de Dios. También ha
establecido itinerarios teológicos y ascéticos para la preparación del clero
y de los miembros de los institutos de vida consagrada. Además, para evitar
una transformación indebida de la identidad espiritual que os caracteriza,
tenéis pensado impartirles una sólida formación, arraigada en la
tradición oriental, que les permita responder de manera eficaz a los desafíos
cada vez mayores de la secularización.
La Santa Sede, mediante la Congregación para las Iglesias orientales, prestará
su apoyo a esta acción renovadora. Por otra parte, en los textos del concilio
Vaticano II y en el Código de cánones de las Iglesias orientales podréis
encontrar referencias útiles para sostener vuestros esfuerzos.
3. El rito bizantino llamado "mirabilia Dei" para la humanidad y, al
respecto, las Anáforas de san Juan Crisóstomo y de san Basilio son un admirable
ejemplo. Las Plegarias eucarísticas y la celebración de los demás sacramentos,
así como todo el desarrollo litúrgico y el culto divino, con su rico himnario,
constituyen un gran instrumento de catequesis para el pueblo cristiano.
Casi diariamente celebráis la divina liturgia de san Juan Crisóstomo, el
cual, por el arte de su oratoria y por su conocimiento de las sagradas
Escrituras fue llamado "Boca de oro". Sus palabras penetran aún hoy en los oídos
y en el corazón del hombre. Por eso, con razón, las volvéis a proponer de modo
comprensible en las lenguas de nuestro tiempo.
4. Os animo, asimismo, a proseguir los contactos, gracias a la tradición
litúrgica común, con las Iglesias ortodoxas, que también desean
glorificar al único Dios y Salvador. El Señor omnipotente, que en la Navidad
recién celebrada ha revelado su ternura divina en la encarnación luminosa del
Verbo, conceda a todos los creyentes en Cristo vivir plenamente la unidad de la
misma fe. Ruego por esto, y pido al Señor que vuestro Sínodo contribuya a
favorecer un renovado anuncio del Evangelio en cada una de vuestras
comunidades, así como un fuerte impulso ecuménico.
Encomiendo este ardiente deseo a la santísima Madre de Dios, a la vez que os
imparto de todo corazón a vosotros aquí presentes y a vuestras eparquías una
especial bendición apostólica.
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