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MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LOS PARTICIPANTES EN LA III JORNADA EUROPEA
DE LOS UNIVERSITARIOS DURANTE UNA VIGILIA MARIANA


 Sábado 5 de marzo de 2005

 

Amadísimos jóvenes universitarios: 

1. A todos vosotros, reunidos en la sala Pablo VI para una vigilia mariana, os dirijo mi cordial saludo. No puedo estar presente en medio de vosotros, pero estoy igualmente cercano con el afecto y la oración. Extiendo mi saludo a vuestros coetáneos que, con ocasión de la III Jornada europea de los universitarios, participan en el encuentro mediante conexiones televisivas especiales. Bari en Italia, y luego Berlín, Bucarest, Lisboa, Zagreb, Londres, Tirana, Madrid y Kiev:  Europa está idealmente comprometida en este importante momento de oración y de reflexión, como preparación para la próxima Jornada mundial de la juventud, que tendrá lugar precisamente en el centro del continente europeo, en Colonia.

2. Me alegro de que, como estudiantes, hayáis querido ofrecer vuestra contribución específica a la preparación de una cita tan significativa de la juventud mundial con esta reunión, que tiene por tema:  "La búsqueda intelectual como camino para encontrar a Cristo". No existe contradicción entre la fe y la razón. Lo demuestra también la experiencia de los santos Magos, que llegaron a Belén utilizando estas dos dimensiones del espíritu humano:  la inteligencia, que escruta los signos, y la fe, que lleva a adorar el misterio. Para afrontar el largo y fatigoso viaje en busca del Mesías no bastaba la razón; se requería también la fe en el signo de la estrella para llegar a la meta. La esperanza y el deseo ardiente de los Magos no fueron vanos. En Belén buscaron al Niño Jesús y, una vez llegados ante él, la inteligencia necesitó de la fe para reconocer en aquel humilde Hijo del hombre al esperado Mesías anunciado por los profetas a lo largo del Antiguo Testamento.

3. Amadísimos jóvenes, que os anime siempre el deseo de descubrir la verdad de vuestra existencia. Que la fe y la razón sean las dos alas que os conduzcan a Cristo, verdad de Dios y verdad del hombre. En él encontraréis la paz y la alegría. Que Cristo sea el centro de toda vuestra existencia. Este es mi deseo más sincero, que os expreso de corazón a todos, acompañándolo con la seguridad de mi oración.

En este primer sábado del mes os encomiendo, de modo especial, a la guía materna de María santísima:  que ella os enseñe cómo seguir fielmente a Jesús hasta la cruz y experimentar la alegría de la resurrección.

Con estos sentimientos, os bendigo a todos. ¡Feliz Pascua y buen camino hacia Colonia!

Hospital policlínico Gemelli, 5 de marzo de 2005

Copyright © Libreria Editrice Vaticana 

 

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