Amadísimos jóvenes universitarios:
1. A todos vosotros, reunidos en la sala Pablo VI para una vigilia mariana, os
dirijo mi cordial saludo. No puedo estar presente en medio de vosotros, pero
estoy igualmente cercano con el afecto y la oración. Extiendo mi saludo a
vuestros coetáneos que, con ocasión de la III Jornada europea de los
universitarios, participan en el encuentro mediante conexiones televisivas
especiales. Bari en Italia, y luego Berlín, Bucarest, Lisboa, Zagreb, Londres,
Tirana, Madrid y Kiev: Europa está idealmente comprometida en este importante
momento de oración y de reflexión, como preparación para la próxima Jornada
mundial de la juventud, que tendrá lugar precisamente en el centro del
continente europeo, en Colonia.
2. Me alegro de que, como estudiantes, hayáis querido ofrecer
vuestra contribución específica a la preparación de una cita tan significativa
de la juventud mundial con esta reunión, que tiene por tema: "La búsqueda
intelectual como camino para encontrar a Cristo". No existe contradicción entre
la fe y la razón. Lo demuestra también la experiencia de los santos Magos, que
llegaron a Belén utilizando estas dos dimensiones del espíritu humano: la
inteligencia, que escruta los signos, y la fe, que lleva a adorar el misterio.
Para afrontar el largo y fatigoso viaje en busca del Mesías no bastaba la razón;
se requería también la fe en el signo de la estrella para llegar a la meta. La
esperanza y el deseo ardiente de los Magos no fueron vanos. En Belén buscaron al
Niño Jesús y, una vez llegados ante él, la inteligencia necesitó de la fe para
reconocer en aquel humilde Hijo del hombre al esperado Mesías anunciado por los
profetas a lo largo del Antiguo Testamento.
3. Amadísimos jóvenes, que os anime siempre el deseo de
descubrir la verdad de vuestra existencia. Que la fe y la razón sean las dos
alas que os conduzcan a Cristo, verdad de Dios y verdad del hombre. En él
encontraréis la paz y la alegría. Que Cristo sea el centro de toda vuestra
existencia. Este es mi deseo más sincero, que os expreso de corazón a todos,
acompañándolo con la seguridad de mi oración.
En este primer sábado del mes os encomiendo, de modo especial, a
la guía materna de María santísima: que ella os enseñe cómo seguir fielmente a
Jesús hasta la cruz y experimentar la alegría de la resurrección.
Con estos sentimientos, os bendigo a todos. ¡Feliz Pascua y buen
camino hacia Colonia!
Hospital policlínico Gemelli, 5 de marzo de 2005
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