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MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
AL SEÑOR STAVROS LYKIDIS,
NUEVO EMBAJADOR DE GRECIA ANTE LA SANTA SEDE*


Hospital policlínico Gemelli, Lunes 7 de marzo de 2005

 

Señor embajador:

1. Me alegra aceptar las cartas que acreditan a su excelencia como embajador extraordinario y plenipotenciario de la República de Grecia ante la Santa Sede. Le agradezco que me haya transmitido el saludo de su excelencia el señor Constantinos Stephanopoulos, presidente de la República helénica. Recordando con placer la visita que me hizo al Vaticano y mi visita a Grecia, con ocasión de mi peregrinación apostólica tras las huellas de san Pablo, le ruego que le exprese mis mejores deseos para su persona, así como para todo el pueblo griego. Al final de su misión, le felicito sinceramente. Saludo también a su excelencia el señor Karolos Papoulias que, dentro de algunos días, asumirá el gobierno del país.

2. No puedo evocar su país sin recordar al apóstol san Pablo, que fundó allí las primeras comunidades cristianas de Europa, hace cerca de dos mil años. La Grecia de hoy no olvida la herencia de la fe cristiana, uno de los elementos constitutivos de la nación. Sabe que esta herencia perdura, más que como un recuerdo del pasado, como un elemento vivo de su cultura y de sus instituciones, capaz de fecundar de manera nueva las aspiraciones nobles y elevadas para el futuro de la humanidad, principalmente en Europa, donde el cristianismo ha dejado una huella muy profunda en la cultura.

Señor embajador, estoy seguro de que su país puede seguir desempeñando un papel importante en el seno de la Unión europea para que se reconozca y se exprese adecuadamente esta dimensión religiosa, en la que la Santa Sede y la República de Grecia están igualmente arraigadas.

3. En el mundo de hoy, debilitado por el peligro del terrorismo y por la persistencia de conflictos duraderos y siempre amenazadores, la Unión europea aparece, por muchas razones, como un modelo de voluntad política en favor de la unión de los pueblos y de la paz. La Santa Sede no puede por menos de alegrarse de ello e invitar a los pueblos europeos que han asumido ese compromiso a promover con todas sus fuerza el diálogo y el entendimiento entre los pueblos, así como el fortalecimiento de las instituciones internacionales encargadas de garantizarlos. Como he recordado frecuentemente, ese esfuerzo sólo podrá tener éxito si va acompañado por una voluntad de justicia a nivel internacional y, en consecuencia, por una política valiente de desarrollo en favor de los países más pobres, especialmente en el continente africano. Los dramáticos acontecimientos ocurridos recientemente en el sureste de Asia han puesto de manifiesto la capacidad de la comunidad internacional para movilizarse con eficacia en favor de las poblaciones probadas.
Asimismo, los Juegos olímpicos que se celebraron en Atenas el año pasado manifestaron con claridad el deseo de fraternidad que albergan los hombres y que puede vencer el odio y la violencia. Así pues, se puede esperar con confianza una movilización equivalente y duradera tanto de las naciones como de las personas en favor de la paz y al servicio del hombre.

4. Señor embajador, le ruego que transmita mi saludo afectuoso a las comunidades de fieles católicos que viven en Grecia. En su mayor parte son pequeñas y se hallan esparcidas, pero están arraigadas en su fe y deseosas de testimoniarla de manera viva en medio de sus hermanos ortodoxos. Ha destacado usted, señor embajador, la importancia que su Gobierno atribuye a la presencia de la Iglesia católica en su país. A este propósito, sería oportuno que la Iglesia católica, prosiguiendo un diálogo abierto y constructivo entre todos los responsables implicados, pueda tener el estatuto jurídico que le falta y que sería el signo de reconocimiento pleno de sus derechos, como sucede en todos los países de la Unión europea. Por su parte, la Iglesia católica está comprometida en un diálogo fraterno con la Iglesia ortodoxa y sabe que sus fieles en Grecia no tienen otro deseo que vivir diariamente este diálogo, preocupándose también por participar plenamente en la vida económica, política y social del país, en la que ya están ampliamente comprometidos. Aseguro a toda la comunidad católica y a sus pastores el apoyo y la oración del Obispo de Roma, Sucesor de Pedro. Saludo también cordialmente a los pastores y a los fieles de la Iglesia ortodoxa de Grecia, en particular a Su Beatitud Cristódulos, arzobispo de Atenas, que me acogió fraternalmente durante mi peregrinación, alegrándome por los vínculos que se establecieron en esa ocasión, y le renuevo la seguridad de la voluntad de diálogo fraterno de la Iglesia católica.

5. En el momento en que usted inaugura su noble misión de representación ante la Santa Sede, le expreso, señor embajador, mis mejores deseos para su feliz cumplimiento. Tenga la seguridad de que encontrará siempre entre mis colaboradores la acogida y la comprensión que necesite.
Sobre su excelencia, sobre su familia y sobre sus colaboradores, así como sobre todo el pueblo griego y sus dirigentes, invoco de todo corazón la abundancia de las bendiciones divinas.


*L'Osservatore Romano. Edición semanal en lengua española n.11 pp.3, 5.


© Copyright 2005 - Libreria Editrice Vaticana

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