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MENSAJE DEL SANTO PADRE
JUAN PABLO II A LOS PARTICIPANTES EN EL CAPÍTULO GENERAL DE LOS
CLÉRIGOS MARIANOS
Amadísimos hermanos:
1. Me alegra dirigiros mi saludo, expresándoos mis mejores deseos con ocasión
del capítulo general de vuestro instituto. Es un acontecimiento de gracia, que
constituye para vosotros una fuerte exhortación a volver a las raíces de vuestra
congregación y a profundizar en vuestro carisma, tratando de discernir los modos
más idóneos para vivirlo en el actual contexto sociocultural. Os animo a
proseguir por el camino de la fidelidad a vuestro rico patrimonio espiritual. En
efecto, sólo gracias a un vivo fervor ascético, manifestado en las obras
apostólicas, podréis realizar plenamente vuestra vocación, y se podrán
multiplicar los frutos de santidad y de eficacia misionera en vuestras
actividades.
Durante este año, dedicado particularmente al misterio de la Eucaristía, poned
aún más este admirable sacramento en el centro de vuestra vida personal y
comunitaria, siguiendo con docilidad el ejemplo de la Virgen santísima, "Mujer
eucarística". Que ella os ayude a lograr una comunión cada vez más íntima con
Cristo y os obtenga "el don de una obediencia pronta, de una pobreza fiel y de
una virginidad fecunda" (Mensaje para la IX Jornada mundial de la vida
consagrada, 2 de febrero de 2005, n. 3: L'Osservatore Romano,
edición en lengua española, 4 de febrero de 2005, p. 12).
Si arde en vuestro corazón un amor intenso a la Eucaristía y a la Virgen, haréis
que los santuarios de diversas partes del mundo, en los que prestáis vuestro
apreciado servicio, sean cada vez más verdaderos "cenáculos" de oración y de
acogida. Los peregrinos que acuden a ellos podrán experimentar la consoladora
intimidad con Cristo y se sentirán animados a seguir con alegría sus pasos.
2. Queridos hermanos, pertenecéis a un instituto religioso que cuenta entre sus
miembros con religiosos ejemplares que han servido a la Iglesia en diversos
campos, encontrándose a menudo en situaciones difíciles y peligrosas. Muchos de
vuestros hermanos han recorrido hasta el final el camino del intrépido
testimonio cristiano. Basta recordar figuras como Rositsa Antonio Leszczewicz,
Jorge Kaszyra, Fabián Abrantowicz y Andrés Cikota. Sostenidos por el testimonio
de estos hermanos vuestros, fieles discípulos de Cristo y obreros generosos del
Evangelio, no tengáis miedo de afrontar los desafíos de nuestro tiempo.
Intensificad vuestro impulso apostólico, comprometiéndoos con renovado
entusiasmo en la promoción de las vocaciones sacerdotales y religiosas, y
preparando adecuadamente a los aspirantes de vuestro instituto a ser obreros
generosos en la viña del Señor. Que aumente también vuestra colaboración
pastoral con los fieles laicos, dedicando una atención especial a los jóvenes y
a las personas necesitadas, a los marginados y a los ancianos. Sed para todos
apóstoles y testigos de la misericordia divina.
Además, fieles al carisma que os distingue, sed hijos devotos de la Inmaculada
Concepción. Hace pocos meses la Iglesia celebró el 150° aniversario de la
proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción de la santísima Virgen María.
Como es sabido, vuestro fundador, el venerable siervo de Dios Estanislao de
Jesús María Papczynski, supo difundir y defender con valentía la verdad de la
Inmaculada Concepción antes incluso de que fuera definida como dogma de fe.
Seguid fielmente su ejemplo y propagad en vuestro entorno la devoción mariana.
3. Al pensar en la misión que estáis llamados a cumplir en diversas partes del
mundo y en varios ambientes sociales, quisiera dirigiros las palabras que
escribí en la carta apostólica
Mane nobiscum Domine: "Cuando se ha
tenido verdadera experiencia del Resucitado, alimentándose de su cuerpo y de su
sangre, no se puede guardar la alegría sólo para uno mismo. El encuentro con
Cristo, profundizado continuamente en la intimidad eucarística, suscita en la
Iglesia y en cada cristiano la exigencia de evangelizar y dar testimonio"
(n. 24).
"Pro Christo et Ecclesia": que este siga siendo el programa de vuestra
familia religiosa, a la que deseo una cosecha abundante de frutos apostólicos.
Para este fin, os aseguro un recuerdo constante en la oración, a la vez que
imparto de buen grado mi bendición al nuevo superior general, a su consejo, a
los miembros del capítulo general y a toda vuestra congregación, así como a
vuestros cooperadores.
Hospital policlínico Gemelli, 10 de marzo de 2005
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Editrice Vaticana
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