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MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LOS JÓVENES DE ROMA Y EL LACIO
REUNIDOS EN LA BASÍLICA DE SAN JUAN DE LETRÁN
EL JUEVES 17 DE MARZO

"Adoro Te devote, latens Deitas!".

1. Amadísimos jóvenes de Roma y de las diócesis del Lacio, vuestro encuentro en la basílica de San Juan de Letrán para adorar la Eucaristía, en este año dedicado a ella, ha de ser una ocasión para prepararos mejor para la Jornada mundial de la juventud. Deseo unirme espiritualmente a vosotros y expresaros todo mi afecto: sé que estáis siempre cerca de mí y no os cansáis de rezar por mí. Os saludo y os doy las gracias de corazón.

Saludo con gratitud al cardenal vicario, a los obispos, a los sacerdotes y las religiosas que os acompañan, así como a cuantos han organizado ese importante momento de reflexión y oración.

2. "Adoro Te devote, latens Deitas!". Elevemos juntos la mirada hacia Jesús Eucaristía; contemplémoslo y repitámosle estas palabras de santo Tomás de Aquino, que manifiestan toda nuestra fe y todo nuestro amor: ¡Te adoro, Jesús, escondido en la hostia!

En una época marcada por odios, egoísmos, deseos de falsa felicidad, decadencia de las costumbres, ausencia de figuras paternas y maternas, inestabilidad en tantas familias jóvenes, y fragilidades y dificultades de las que son víctimas no pocos jóvenes, te contemplamos a ti, Jesús Eucaristía, con renovada esperanza. A pesar de nuestros pecados, confiamos en tu divina misericordia. Te repetimos, con los discípulos de Emaús: "Mane nobiscum, Domine!", "¡Quédate con nosotros, Señor!".

En la Eucaristía tú devuelves al Padre todo lo que de él proviene; así se realiza un profundo misterio de justicia de la criatura hacia el Creador. El Padre celestial nos ha creado a su imagen y semejanza; de él hemos recibido el don de la vida, que reconocemos tanto más valiosa desde el momento de su inicio hasta la muerte, cuanto más está amenazada y manipulada.

Te adoramos, Jesús, y te damos gracias porque en la Eucaristía se actualiza el misterio de la única ofrenda al Padre que tú realizaste hace dos mil años con el sacrificio de la cruz, sacrificio que ha redimido a toda la humanidad y toda la creación.

3. "Adoro Te devote, latens Deitas!".

¡Te adoramos, Jesús Eucaristía! Adoramos tu cuerpo y tu sangre entregados por nosotros y por todos para el perdón de los pecados: ¡oh Sacramento de la alianza nueva y eterna!

Mientras te adoramos, ¿cómo no pensar en las numerosas cosas que deberíamos hacer para glorificarte? Pero, al mismo tiempo, no podemos menos de dar la razón a san Juan de la Cruz, que solía decir: "Adviertan, pues, aquí los que son muy activos, que piensan ceñir al mundo con sus predicaciones y obras exteriores, que mucho más provecho harían a la Iglesia y mucho más agradarían a Dios, dejado aparte el buen ejemplo que de sí darían, si gastasen siquiera la mitad de ese tiempo en estarse con Dios en oración, aunque no hubiesen llegado a tan alta como esta" (Cántico espiritual, CB, Anotación para la canción 29, n. 3: Obras Completas de San Juan de la Cruz, Ed. de Espiritualidad, Madrid 1988, p. 706).

Ayúdanos, Jesús, a comprender que para "hacer" en tu Iglesia, incluso en el campo tan urgente de la nueva evangelización, es preciso aprender ante todo a "ser", es decir, a estar contigo en adoración, en tu dulce compañía. Sólo de una íntima comunión contigo brota la acción apostólica auténtica, eficaz y verdadera.

Una gran santa, que entró en el Carmelo de Colonia, santa Benedicta Teresa de la Cruz, en el siglo Edith Stein, solía repetir: "Miembros del cuerpo de Cristo, animados por su Espíritu, nos ofrecemos como víctimas con él, por él, en él, y nos unimos a la eterna acción de gracias".

4. "Adoro Te devote, latens Deitas!". Oh, Jesús, te pedimos que todo joven aquí presente desee unirse a ti en una eterna acción de gracias y se comprometa en el mundo de hoy y del futuro a ser constructor de la civilización del amor.

Que te ponga a ti en el centro de su vida: te adore y te celebre. Que aumente su intimidad contigo, ¡oh Jesús Eucaristía! Que te reciba, participando con asiduidad en la santa misa el domingo y, si es posible, cada día. Que de esta intensa participación nazcan compromisos de entrega libre de la vida a ti, que eres libertad plena y verdadera. Que broten santas vocaciones al sacerdocio: sin el sacerdocio no hay Eucaristía, fuente y cumbre de la vida de la Iglesia. Que surjan numerosas vocaciones a la vida religiosa; que florezcan generosas vocaciones a la santidad, que es el alto grado de la vida cristiana ordinaria, especialmente en las familias: hoy, más que nunca, la Iglesia y la sociedad lo necesitan.

5. Oh Jesús Eucaristía, te encomiendo a los jóvenes de Roma, del Lacio y de todo el mundo: sus sentimientos, sus afectos, sus proyectos. Te los presento en las manos de María, Madre tuya y nuestra.

Jesús, que te entregaste al Padre,
¡ámalos!
Jesús, que te entregaste al Padre:
cura las heridas de su espíritu.
Jesús, que te entregaste al Padre,
ayúdales a adorarte
en la verdad y bendícelos,
ahora y siempre. Amén.

A todos imparto con afecto mi bendición.

Vaticano, 15 de marzo de 2005

Copyright © Libreria Editrice Vaticana

 

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